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quarta-feira, 1 de junho de 2011

Leonard Cohen Príncipe De Asturias De Literatura 2011



Príncipe de Asturias de las Letras 2011

Leonard Cohen gana el Príncipe de Asturias de las Letras 2011. Ha sido galardonado con el máximo premio otorgado por España, por su trayectoria como poeta. También novelista y cantante. Nació en Montreal-Canada, el 21 de septiembre del 1934. En el seno de una familia de emigrantes judíos. Con tan sólo 21 años obtiene la licenciatura en Literatura Inglesa en la Universidad McGill de Montreal. En 1956 publica su primer libro de poesía con el título; “Let Us Compare Mythologies” y en 1963 edita su primera novela “The Favourite Game”. En sus escritos siempre deja ver su espíritu rebelde y esa personalidad melancólica que tanto le caracteriza. Sus trabajos son profundos con la belleza de las grandes cuestiones del ser humano. Un premio que le acredita como uno de los grandes pensadores. Su última publicación ha sido del 2011 “Poems and Songs”.



PROMESA


Tu pelo rubio
es mi forma de vivir-
¡aplastado por la luz!

La impresión de tu boca
es la marca de nacimiento
que hay sobre mi poder.

¡El amarte
es vivir
mi diario ideal
que he prometido
a mi cuerpo
no escribir nunca!
 








sábado, 26 de fevereiro de 2011

Julio Cortázar






Julio Florencio Cortázar, nació el 26 de agosto del 1914 en Bruselas-Bélgica. Escritor, traductor e intelectual argentino. Se le considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general, y creador de importantes novelas que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en Latinoamérica, rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal y donde los personajes adquieren una autonomía y una profundidad psicológica, pocas veces vista hasta entonces. Debido a que los contenidos de su obra transitan en la frontera entre lo real y lo fantástico, suele ser puesto en relación con el surrealismo. Tras completar sus estudios primarios, siguió los de magisterio y letras y durante cinco años fue maestro rural. Pasó más tarde a Buenos Aires, y en 1951 viajó a París con una beca. Concluida ésta, trabajó como traductor de la UNESCO le permitió afincarse definitivamente en la capital francesa. Por entonces Julio Cortázar ya había publicado en Buenos Aires el poemario Presencia con el seudónimo de «Julio Denis», el poema dramático Los reyes y la primera de sus series de relatos breves, Bestiario, en la que se advierte la profunda influencia de Jorge Luis Borges. La literatura de Cortázar parte del cuestionamiento vital, cercano a los planteamientos existencialistas, en obras de marcado carácter experimental, que lo convierten en uno de los mayores innovadores de la lengua y la narrativa en lengua castellana. El instinto, el azar, el goce de los sentidos, el humor y el juego terminan por identificarse con la escritura, que es a su vez la formulación del existir en el mundo. Las rupturas de los órdenes cronológico y espacial sacan al lector de su punto de vista convencional, proponiéndole diferentes posibilidades de participación, de modo que el acto de la lectura es llamado a completar el universo narrativo. Muy pronto, Julio Cortázar se convirtió en una de las principales figuras del llamado «boom» de la literatura hispanoamericana, y disfrutó del reconocimiento internacional. En 1967 aparece La vuelta al día en ochenta mundos, un volumen que reúne cuentos, crónicas, ensayos y poemas, con una diagramación extremadamente original concebida en gran parte por Julio Silva. El libro, según Cortázar, fue imaginado como un homenaje a Julio Verne "pero de una manera muy indirecta". Muere en Paris-Francia, el 12 de febrero del 1984 a causa de una leucemia, a los 70 años.






 

POEMAS

 

  

ESTA TERNURA

 
Esta ternura y estas manos libres,
¿a quién darlas bajo el viento? Tanto arroz
para la zorra, y en medio del llamado
la ansiedad de esa puerta abierta para nadie.

Hicimos pan tan blanco
para bocas ya muertas que aceptaban
solamente una luna de colmillo, el té
frío de la vela la alba.

Tocamos instrumentos para la ciega cólera
de sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos
con los presentes ordenados en una mesa inútil,
y fue preciso beber la sidra caliente
en la vergüenza de la medianoche.
Entonces, ¿nadie quiere esto,
nadie?




EL BREVE AMOR



Con qué tersa dulzura
me levanta del lecho en que soñaba
profundas plantaciones perfumadas,
me pasea los dedos por la piel y me dibuja
en el espacio, en vilo, hasta que el beso
se posa curvo y recurrente,
para que a fuego lento empiece
la danza cadenciosa de la hoguera
tejiéndose en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo...
¿Por qué, después,
lo que queda de mí
es sólo un anegarse entre las cenizas
sin un adiós, sin nada más que el gesto
de liberar las manos?

 

LOS AMANTES


¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.
Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.
Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.
Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.


 

SIEMPRE EMPEZÓ A LLOVER

 

Siempre empezó a llover
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.
Creo que lo sabías
y que favoreciste la desgracia.
Siempre olvidé el paraguas
antes de ir a buscarte,
el restaurante estaba lleno
y voceaban la guerra en las esquinas.
Fui una letra de tango
para tu indiferente melodía.
 


A UNA MUJER



No hay que llorar porque las plantas
crecen en tu balcón, no hay
que estar triste si una vez más la rubia
carrera de las nubes te reitera
lo inmóvil, ese permanecer en tanta fuga.
Porque la nube estará ahí,
constante en su inconstancia cuando tú,
cuando yo -pero por qué nombrar el polvo
y la ceniza-. Sí, nos equivocábamos creyendo
que el paso por el día era lo efímero,
el agua que resbala por las hojas
hasta hundirse en la tierra.
Sólo dura la efímero, esa estúpida planta
que ignora la tortuga, esa blanda tortuga
que tantea en la eternidad con ojos huecos,
y el sonido sin música, la palabra sin canto,
la cópula sin grito de agonía, las torres del maíz,
los ciegos montes.
Nosotros, maniatados a una conciencia
que es el tiempo, no nos movemos del terror
y la delicia, y sus verdugos delicadamente
nos arrancan los párpados para dejarnos
ver sin tregua cómo crecen las plantas del
balcón, cómo corren las nubes al futuro.
¿Qué quiere decir esto?
Nada, una taza de té.
No hay drama en el murmullo,
y tú eres la silueta de papel que
las tijeras van salvando de lo informe:
Oh vanidad de creer que se nace o se muere,
cuando lo único real es el hueco
que queda en el papel, el golem que nos sigue
sollozando en sueños y en olvido.

 


EL FUTURO



Y se muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.





sábado, 22 de janeiro de 2011

Poemas Santiago Medina





Santiago Medina, nace el 1963 en Madrid-España. Empezó a escribir poesía a la edad de 17 años, apoyado por su familia. Ahora su musa es su mujer y sus hijos, gran apasionado del arte en todas sus formas, la literatura, el cine. La naturaleza y los viajes su gran pasión.


Fue finalista del premio II certamen poético Internacional María Escalera Martínez con la poesía “Yo conozco una palabra”.

Primer Premio del I concurso poesías de Amor Casteoliveral con derecho a publicación de sus trabajos en un libro. La poesía ganadora es “Recuerdos”.

Finalista en el concurso “Caminos Inciertos” del Centro de Estudios Poéticos con la publicación de “Ojos Verdes”.

Recitó poemas en la Vigilia de Julio de 2010 del centro de poesía José Hierro en Getafe (Madrid).

Colaboró en el cartel de festejos con 2 poemas de Hontanar (Toledo) en 2010 septiembre con 2 poemas: “La luna Coquetea” “y “Hontanar”.

Tiene dos libros publicados: “Vivencias I”, pensamientos poéticos de nuestros días y “Amor y Desamor de la A@Z”, son los amores y desamores del propio autor.

Actualmente colabora en un programa de radio “Solitario de Letras” cuya web es: www.ondapoligono.com

Tiene un blog en Internet:  http://poesiadesantiagomedina.blogspot.com/
no dejéis de visitarlo y seguir disfrutando de sus bellos poemas.






POEMAS




SUS LABIOS ROMPEN EL SILENCIO


Sus labios rompen el silencio de la mañana
sus palabras me susurran al oído melodías infinitas
incorporándome con suavidad con su aliento calido
alzándome sin temor con las letras de su canción divina
que suena una y otra vez levantándome el animo errante
dirigiéndose sin remedio al amor sin miramientos por ella,
canciones que suenan como si de música arpas se tratara
con sonidos mágicos que de su boca emanan
mezclándose con sus besos encontrados en mi mejilla,
algunos de ellos perdidos en mis labios ansiados de su cariño
que alimentan mi corazón y mi pasión por tenerla.
Diosa al amanecer,
princesa del sol de mi atardecer y al anochecer reina de mi
alma que con impaciencia espero su presencia
en este lar de alegría infinita cubriendo con su cuerpo nacarado
el lecho de pasión en compañía de mis manos
que se impacientan cada segundo de su vida
por tenerla en sus palmas.
El tiempo pasa y yo admiro su escultura
reflejo de belleza que mis ojos entretiene llenando de color mis pupilas imagen difícil de borrar de mi mente perezosa
que despierta del letargo con su generosa de dulzura.



TE MIRO CUANDO PISAS EL ASFALTO


Te miro cuando pisas el asfalto
con tus pies delicados lo taconeas
moviendo tu cuerpo con música definida,
sonidos melódicos que escuchan mis oídos
haciéndome disfrutar de su canción generosa
símbolo que despierta mis instintos ocultos
que se presentan ante ti con honores de princesa
queriendo hacerte reina
de este reino de felicidad suprema
que simboliza mi deseo de tenerte a mi lado
tan cerca de mi como tu negra sombra
que oscurece tu figura de sirena en este mar de pasión
en el que yo me ahogaría para no dejar de sentir.
Tú, la armonía de mi mirada
que con tu sonrisa sonada de cuya música me entretiene
a mi mente detiene
dejando lapsus blancos en la madrugada.




ÁRBOLES DESNUDOS….


Árboles desnudos duermen en el día
esqueletos del bosque que cubren el suelo
alfombra de hojas que decoran sus raíces
cadáveres del invierno que cayeron al vacío.
El frío abriga su tronco leñoso
con escarcha tapa su corteza de naturaleza dormida
que sueña con la plenitud de la verde primavera,
sus copas se engalanan con sombreros de pajas y ramas
donde las aves allí hicieron sus lechos de maternidad
viviendo sin pedir permiso una temporada.
Las envidias de otros se denotan en el aire
de aquellos que conservan sus ropas verdes durante todo el año
dando a este invierno olor y vida.
Algunos animales salen de sus guaridas
buscando el sol que alumbra su cuerpo recio por el hielo
sintiendo aquel placer que se hallaba en el olvido
apareciendo en sus diminutas cabezas.
El tiempo pasa en este cementerio viviente
que renacerá como el ave mitológica
de las cenizas de su nada
brotando con tallos nuevos
que anuncian el nacimiento de un ciclo de color.


 
 
Santiago Medina
 
 

 

terça-feira, 21 de setembro de 2010

Poemas José Antonio Labordeta





José Antonio Labordeta Subías, nació el 10 de marzo del 1935 en Zaragoza-España. Fue cantautor, escritor y político español. Cursó sus estudios primarios en el Colegio Alemán de Zaragoza y en la escuela familiar, donde concluyó el Bachillerato; se matriculó en Derecho y, finalmente, se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza, que le nombró en 2010 Doctor Honoris Causa. En 1964 aprobó las oposiciones de Enseñanzas Medias, como profesor de Geografía, Historia y Arte y fue destinado al Instituto Nacional de Bachillerato Ibáñez Martín de Teruel, ciudad en la que residió seis años. Impartió clases en este colegio, en Menor San Pablo y en el Buen Pastor, donde enseñaba historia. En 1972 fundó junto a Eloy Fernández Clemente la revista cultural “Andalán”. Su faceta como escritor siempre se vio en un segundo plano debido a que era más conocido como cantautor y diputado. Sin embargo, siguiendo el ejemplo familiar de su padre (un catedrático de latín muy aficionado a la poesía clásica antigua) y de su hermano Miguel Labordeta, una de las figuras más señeras de la poesía española de posguerra, su actividad poética fue primordial en su vida. En este sentido declaró que su auténtica profesión era la de escritor y sus canciones no eran sino poemas musicados. De todos modos, en su poesía se muestra una voz más íntima, meditativa y existencial que en sus canciones, más combativas y sociales. Publicó su primer poemario en 1959 —mucho antes de iniciar su carrera musical— y fue autor de los siguientes libros de poemas:

Sucede el pensamiento (1959)
Las Sonatas (1965)
Cantar y callar (1971)
Treinta y cinco veces uno (1972)
Tribulatorio (1973)
Método de lectura (1980)
Jardín de la memoria (1985)
Diario de un náufrago (1988)
Monegros (1994)

En 1976 publicó la antología Poemas y canciones (editorial Lumen, colección El Bardo) y en 2004, ya solo de la obra poética completa, sale a la luz la selección Dulce sabor de días agrestes.
Su primer libro poético, “Sucede el pensamiento”, es un intento de conciliación del estilo intelectual de Juan Ramón Jiménez con el neopopular de la Generación del 27, pero en él aún se aprecia el lastre de la necesidad de adquirir una voz propia, sobre todo teniendo en cuenta el peso e influencia ejercida por la poesía tremendista y epilírica de su hermano Miguel Labordeta, de la que José Antonio no se puede evadir.

Falleció en la madrugada del 19 de septiembre de 2010, en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza, a la edad de 75 años, a causa de un cáncer de próstata que le fue diagnosticado en el año 2006, y que le obligó a permanecer postrado en casa los últimos meses de su vida.





POEMAS



ACUÉRDATE


Acuérdate de cuando fuimos niños
los turbios niños
de cuando fuimos vivos
por pura complacencia del destino.
Mudos.Turbios niños
Callados
cuando fuimos niños
Creciendo
silenciosamente educados.
Nunca
fuimos realmente niños
en mitad del dolor amargo
de las guerras.¿Y ahora?
nunca seremos nada
Nunca
es imposible así
con este aire de injusticia
brutal acometida
ante los ojos.
Acuérdate de cuando turbios
niños fuimos despoblados.
Nada como entonces
a pesar de todo.



DOMINGO DECEMBRINO


Se apuesta en el café
las últimas partidas de baraja.
Din, dan. Din, dan:
Las campanas domingo en la ciudad
tarde que avienta el viento
hasta la orilla.
Y los muchachos
sueñan, en las paredes,
con posters que se clavan
trayéndoles recuerdos de París
y de su audacia:
Melenas,
pantalones, largos jerseys,
tristeza, vacío en las espaldas.
Y un guateque moral
atardece el domingo
en las casas lujosas.
El resto,
la ciudad, los chicos y las chicas
de ordinario, pasean vagamente
por los porches.



CESARAGUSTA DOS


Cuando el cierzo desciende y se alza la niebla,
toda la ciudad? mi Zaragoza amada-se cubre de palabras
que surgen del silencio hacia la nada.
Es entonces? el enorme Paseo
se hace suave y hermoso-cuando veo las cosas
como fueron: El niño, la explanada,
la vieja que vendía cacahuetes y almendras.
Pero cuando otra vez
el aire del Moncayo violentamente baja,
surgen los comerciantes
en paños y en alhajas
aupando a un tonto sabio
que viene a hablar del alma.
¡Ay mi ciudad
con tantos pedestales
cubiertos de anónimas palabras!:
¿A dónde te diriges?
Sólo tu espesa niebla
permite ver las cosas
igual que se veían en la infancia.



CANFRAC


Es la piedra y el reino de la piedra
lo que sobre los hombres permanece? de niño
escondí en esta tierra mi inocencia- después
de que la lluvia haya cesado. Aquí,
el águila no importa,
no importa la víbora ni el sarrio.
Sólo la roca aupada contra un cielo azulado
es lo que importa.
Preguntad por el río,
la nieve, por el hielo. Preguntad
por la vida? yo la cogí por estos precipicios-
y nadie sabrá que responderos.
Es tan sólo la roca, lo repito,
lo que señala el valle y la vaguada.
El pueblo, monótono, se aburre,
se emborracha. No existe el horizonte. La roca,
esa mano de Dios petrificada, es la única señal
que al hombre aguarda.


BELCHITE


El árbol se levanta sobre la tapia hundida.
El viejo campanario? la paloma que había
huyó bajo la guerra- está desierto:
Todo es la sombra.
El monte desolado invade el patio,
el pozo seco,
el niño destrozado por la yedra.
Alguien recuerda? Antes estuve aquí,
hoy ya no vuelvo- por los muros de adoba calcinados:
¿Quién ha puesto el olivo
enfrente del olivo?
¿Quién ha dejado sangre
enfrente de la sangre?
¿Quién ha traído muerte
en contra de la muerte?
¿Quién, en fin, ha destruido al hombre
contra el hombre?
Sobre la casa yerta ya nadie se levanta.




sábado, 18 de setembro de 2010

Poemas Alvaro Salvador




Álvaro Salvador Jofre, nació en Granada-España, en el 1950. Poeta, critico, ensayista. Dedica su vida en la actualidad a la docencia en la Universidad de Granada, en Literatura Hispanoamericana y Española. Junto a Luis García Montero y a Javier Egea promocionó a comienzos de los años ochenta la tendencia poética conocida como “otra sentimentalidad”, germen de lo que años más tarde sería la llamada poesía de la experiencia dentro de la poesía española contemporánea. Ha publicado nueve libros de poemas entre los que podemos destacar "Las Cortezas del Fruto" (Madrid,1980), "Tristia" (En colaboración con Luis García Montero, Melilla,1982) "El agua de noviembre" (Granada, 1985), "La condición del personaje" (Granada, 1991), "El Impostor" (Palma de Mallorca, 1996). Ha publicado también varios libros de crítica literaria como los titulados "Para una lectura de Nicanor Parra" (Sevilla, 1975), "Rubén Darío y la moral estética" (Granada,1986), "Introducción al estudio de la literatura hispanoamericana" (en colaboración con Juan Carlos Rodríguez, Madrid, 1987 y 1994) y distintas ediciones de la obra de Rubén Darío o de poesía española e hispanoamericana contemporánea. Entre los premios que ha obtenido está, en 1970 Federico García Lorca, en poesía para estudiantes, en 1972 gana el Nacional de poesía, Hermanos Machado" de Sevilla (1981), internacional "Castellón a Escena" (1996), En 2002, recibió el premio Casa de las Américas de Ensayo por su obra “El impuro amor de las ciudades”. En 2007 ha obtenido el Premio del Tren "Antonio Machado" de poesía, otorgado por la Fundación de Ferrocarriles Españoles, por su poema "Estación de Servicio III" y en 2008 el Premio Generación del 27.





POEMAS





CANCIÓN DE MEDIODÍA


Uno, a veces, quisiera no haber sido

ese joven feliz que en los guateques

se drogaba con la melancolía.

Porque uno, a veces, mira en la mañana

el rostro del dolor ante el espejo,

surcado por la angustia, castigado,

perdidos los encantos y el cabello

del solitario rostro: la tristeza

como una madreselva invadiéndolo todo.

Y uno siente en los huesos que hace frío,

que el brasero no enciende, que en la casa

penetra lentamente el viento de la tarde

como un azogue triste de soledad y desprecio.

¡Qué sola va la vida en ese mediodía

cuando sales al parque deambulando

por tu propio calor como una fiera!

Qué sola irá la vida entre los bulevares

si apenas tu mirada puede ver los azules

presentes que la aurora dejó sobre los árboles.

Porque uno, a veces, mira en la mañana

la lluvia del dolor por las aceras,

marcado por un rumbo, desterrado,

perdidas la esperanza y la alegría

en los húmedos ojos: la tristeza

como una muchedumbre invadiéndolo todo.

Y uno siente, de pronto, la llamada,

la llamada en los labios, y en los ojos

penetra lentamente el sol de una sonrisa

como la dulce lámpara que salta al corazón.

Uno, entonces, quisiera ser de nuevo

ese joven feliz que en los guateques

se drogaba con la melancolía.



SIESTA



Si escribo estas palabras temo dar una imagen

de escritor que conoce su oficio y sus recursos,

temo no dar la talla, carnal, enamorada,

de un hombre que ha pisado el umbral de sus sueños.

Si digo que mis sueños, durante tantos años,

repitieron el sueño de tu cuerpo desnudo,

la estación de tu abrazo, el reguero de fresas

que dejas en mis días, festivos desde ti,

unidos desde ti a la fantasía

de una dulce verbena interminable,

puede que mis palabras,

palabras de poeta que maneja sus armas,

sean sólo el simulacro

de una emoción, de la pasión que da el conocimiento

cuando rozamos la punta de los sueños.

Si digo que tu rostro, sonriente y mojado,

me guiña contra el cielo de cada escaparate,

el único sonido tu voz que me enajena

más acá de la vida, dentro ya de mis sueños;

si digo que no tengo otro olfato que el tuyo,

que puedo, como en sueños, reconocer mi aliento

cuando no estás conmigo, cuando no puedo olerte

el vino derramado por tu espalda y mi pecho;

si digo que te quiero como a nadie he querido

en este mundo torpe, lleno de medias tintas,

temo dar una imagen de escritor recurrente,

temo no dar la talla del hombre que quisiera

explicar cómo, a veces, los sueños toman cuerpo,

nos citan una noche, nos besan, nos desnudan,

nos dejan en las sábanas una flor de alegría.




EL PADRE


El tendría por entonces mi misma edad de ahora

y recuerdo su mano apretando la mía

al cruzar, los domingos, la calle hasta la iglesia.

Después, mi mano olía durante varias horas

a jabón de lavanda y rubio americano.

Solíamos deambular las mañanas soleadas

por céntricos jardines o estrechas callejuelas

y él parecía no tener un rumbo prefijado,

desconocer adrede el destino final de aquellos pasos

que me brindaba a mí, su hijo más pequeño,

con la alegría sin norte de un muchacho.

Al final, el camino siempre nos conducía

a un gran café del centro, hermoso y concurrido.

Y allí me transformaba,

feliz explorador de un territorio íntimo,

en héroe sideral o enmascarado rey de los pigmeos

mientras él repasaba lentamente el periódico

o hablaba apasionado con algunos amigos

de temas misteriosos que yo nunca acababa de entrever

más allá de sus risas

y la expresión profundamente viva de unos rostros

tiernos y cariñosos al dirigirse a mí.

Más tarde, al retirarnos,

siempre con la sorpresa de un truco inesperado

aparecía en su mano un crujiente paquete

lleno de dulces frescos para tomar en casa.

Otras veces, recuerdo, en tardes de verano

solíamos caminar a la luz del crepúsculo

y su mirada de hombre, madura, ensombrecida

por unos pensamientos que yo no comprendía

pero que adivinaba próximos,

cercanos a una suerte de tristeza muy honda,

me acercaba a mí mismo

a la intuición de una edad mayor,

poderosa y extraña como sus palabras.

Se marchó una mañana dorada de Diciembre

-como aquellas mañanas azules de mi infancia-

hace ya veinte años.Y, sin embargo,

aún en los días más serenos

puedo escuchar su voz con un escalofrío,

oír como resuena, amable, enronquecida,

en mi propia garganta.

A veces veo sus ojos en mis ojos sin brillo.

Y la mano de mi hijo,anidada en mi mano,

me hace sentir de nuevo el amor de su mano.



segunda-feira, 13 de setembro de 2010

Poemas Javier Egea




Nace en Granada-España, en el 1952. Considerado uno de los más importantes poetas españoles. Consiguió, entre otros premios literarios, el «Antonio González de Lama» por su libro "Troppo Mare" y el «Premio Internacional de poesía Juan Ramón Jiménez» por "Paseo de los Tristes". Publicó muy pocos libros de poesía: "Serena luz del viento" (1974), "A boca de parir" (1976), "Troppo Mare" (1980), "Paseo de los tristes" (1982, tal vez su obra más representativa), "La otra sentimentalidad" (1983, junto a Luis García Montero y Álvaro Salvador y, "Argentina 78" (1977, pero editado en 1983 por «La Tertulia»), y "Raro de Luna" (1990). Gran admirador de Rafael Alberti, publicó el libro “Manifiesto Albertista”, junto a Luis García Montero en 1982. Javier Egea no fue un poeta 'académico' sino que más bien fue un poeta a pie de calle, que vivió en íntima relación con la poesía. Participó en numerosos actos culturales y políticos (recitales poéticos por toda España, y en Cuba y Argentina), y realizaba actuaciones musicales y poéticas con la actriz argentina Susana Oviedo. Al morir, dejó incompleto un libro que al parecer iba a titularse Los sonetos del diente de oro, los cuales fueron publicados en 2006. Se quitó la vida en su ciudad, el jueves 29 de julio de 1999.





POEMAS





POEMA DE AMOR


Cuando en tardes que sobran las palabras y el día

sólo somos tú y yo, cada cual con su espera

y sin embargo atados en la misma carrera,

en el afán de luz, en la oscura alegría;

cuando nada se entiende sino en tu compañía

que le pone a los pasos un eco de bandera,

cuando ya todo el sueño se curva en tu cadera

y sólo en ella crecen velas, barcos, bahía;

cuando un día se sabe que pueda ser distinto

y se enciende la vida mientras amas y mueres,

cuando nada es distinto pero todo se evoca;

cuando se pide a un cuerpo la luz de un laberinto

y naufragan los días sin saber ni quién eres

y me pides silencio con un dedo en la boca.



ERAN TIEMPOS MUY DUROS



Eran tiempos muy duros. No era fácil vivir.

Por eso madrugué por los despachos,

volví mañana, les expuse el caso

y conseguí un empleo para ella:

tras mirarla a los ojos -al menos eso dijo-

le entregaron la llave más preciada,

pusieron a su cargo el alumbrado.

Yo hice lo que pude, lo que en mi mano estaba.

Y no la he vuelto a ver:

aquella misma noche me cortaron la luz.



A LUIS DE GÓNGORA



Como quien madrugó por tantos patios

de los que muestran su belleza inhóspita,

quien tantas veces hubo de vendar

los brazos sin descanso de la esperanza

rota de tanto afán,

quien habitó sus calles,

el asombro violeta de la ciudad

cerrada ya con las primeras luces,

como quien ha llamado a tantas puertas,

como quien sufre más de lo que puede.

Pero salgo mañana tras mañana

fingiendo saludar a las palomas en tropel,

casi sonámbulo,

viendo la muerte escrita

sobre los paredones

y los emblemas de sus dueños:

ellos, los asesinos,

nos fueron invadiendo con lluvias y con sapos,

anegando las últimas rendijas del corazón,

marcándonos el aire, tempestuosamente,

arrancando los hilos que llevaban

la voz, la dicha, las pequeñas cosas.

Porque la muerte nuestra tiene dueño:

ese desmesurado comprador

de la memoria y el deseo,

ese malversador de la tristeza.

¡Ellos, los asesinos,

se llevaron tan lejos la alegría!

Para entonces ya sabes

que la vida también les pertenece

y te miras los brazos acaso con temor

-esa fuerza tronchada-

por si los reconoces después de tantos siglos

tendidos sobre un fondo de oficinas,

de fábricas,

abiertos entre gentes que como tú se agotan,

entre rostros que llevan

un secreto brutal de forzada miseria,

un obligado guiño de silencio.

Se diría que todo se desploma

aunque cruzas la calle y piensas en su cuerpo

y sigues adelante.

Todo parece demasiado lejos

bajo esta luz obrera de diciembre.

Y algo te adentra en la ciudad de nuevo,

algo que ni siquiera es el amor

pero que empuja poderosamente

hacia una voz,

un resto de firmeza, una piel que se ofrece,

sabiendo en cada paso con más fuerza

que no fueron los signos o el azar,

que hay demasiada sangre detrás de una caricia.

Así salgo con norte, más cansado,

a este paisaje despoblado, sin barcos,

y en qué puedo pensar

si no es en la curva brillante

de tu cintura con estrellas,

en tu espalda con mapas ignorados y abiertos,

en los caminos sin alba de la libertad.

Y te llevo conmigo,

compañera de esquinas de diciembre,

pequeña tempestad que zarandeas,

atónito viajero,

engranaje de sueños y verdín,

náufrago dulce,

amarrado a la tabla de mi cuerpo

por este mar oscuro, despiadado,

de esa forma salvaje y tan extraña

que vive el corazón.

Hoy te lo llevo a ti porque lo veas

como él siempre ha sido,

con sus bolsillos rotos,

su vieja colección de cicatrices,

sus años, si de nieves, no de bienes,

su habitación con fotos y ceniza

y este badil en el rincón, cesante,

como si alguna lumbre antigua.

Una extraña madeja de tumbos y deseo

te va poniendo en pie cada mañana,

te dice que hay camino, que no regreses nunca.



NOCHE CANALLA



Yo no sé si la quise pero andaba conmigo,

me guiaba su risa por la ciudad tan gris.

Ella tenía en su boca colinas de Ketama

y el cielo de sus ojos me pintaba de añil.

Yo vi tantas estrellas como ella puso siempre

en aquel cielo raso como un paño de tul.

Ella llevaba el pelo como la Janis Joplin

y los labios morados como el Parfait-Amour.

La he perdido en un bosque de jeringas brillantes

por donde nos decían que se llegaba al mar;

se fue sobre un caballo de hermosos ojos negros,

por más que yo me muera no la podré olvidar.

Bajo el cielo ceniza me conducen mis piernas.

Esta noche no tengo ni esperanza ni amor.

Sólo queda el calor de mi pobre navaja.

Hoy me he visto la cara de un retrato-robot.

A pesar de sus ojos he salido a la calle,

a pesar de sus ojos me ha tocado vivir.

En un barrio de muertos me trajeron al mundo.

Esta noche canalla no respondo de mí.




sábado, 21 de agosto de 2010

Para Rosana por Mario Beer-Sheva



Te llamaré Rosana, sencillamente Rosana, en realidad que importancia tiene tu nombre, si lo que cuenta es tu amor por los escritos, que es como veo la vida, la siento, la gozo y también la sufro. Me he enterado que te gustaron mis poemas y mi ego, bien alimentado, agradece tu opinión. No debo olvidar, que al ser colega, tu comentario tiene mucho más valor, que algún neófito en el tema, lo lee sin pensar ni entender. Amiga mía: tu sabes que escribir es muy sencillo, escuchando esa voz que viene, del cerebro y entra en el corazón, para depositarnos en nuestras manos y ellas se encargarán de acercarlas al papel.
Tu sabes, colega, que esta es la verdad, que nosotros no pensamos, sólo copiamos la voz interior, que ha captado de la vida lo bueno o lo peor. Que rescata nuestros recuerdos, los trae al presente y los colgamos en un blog.
Querida poetisa, te agradezco difundir mi trabajo, yo hago lo mismo por ti, esa es nuestra riqueza, que debemos alimentar, crecer y como una enredadera que cubra el mundo, en que vivimos y en el otro también. Rosana, amiga, colega, poetisa, que la alegría viva contigo. El Señor te ha dado todo.
¡ Tú sólo debes escribir !




Mario Beer-Sheva


Poemas Manuel Acuña




Nació en Saltillo, Coahuila-México, el 27 de agosto del 1849. Médico y poeta. De sus padres recibió las primeras letras, estudia en el colegio de la ciudad de Saltillo y posteriormente en 1865 se trasladó a México donde ingreso como alumno interno en el colegio San Ildelfonso, donde estudio matemáticas, latín, francés y filosofía. 1868 inicia la carrera de medicina en la Universidad de Medicina de México, la cual no concluyo quedándose en el 4 año concluido. También inició su interés en la poesía este mismo año, se desarrolló en el estilizado ambiente romántico del intelectualismo mexicano de la época. Uno de sus poemas más célebres es el "Nocturno", dedicado a Rosario de la Peña, el gran amor de su vida, su trabajo más representativo. Murió en su habitación de la Escuela de Medicina el 6 de diciembre de 1873, a la corta de edad de 24 años, suicidándose con cianuro.





POEMAS





NOCTURNO


A Rosario

¡Pues bien!, yo necesito decirte que te adoro,
decirte que te quiero con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto, y al grito en que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.
Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido de tanto no dormir;
que están mis noches negras, tan negras y sombrías,
que ya se han muerto todas las esperanzas mías,
que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir.
De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver,
camino mucho, mucho, y al fin de la jornada,
las formas de mi madre se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás;
y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos,
bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos te quiero mucho más.
A veces pienso en darte mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo y el alma no te olvida,
¿qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida,
qué quieres tú que yo haga con este corazón?
Y luego que ya estaba concluido el santuario,
tu lámpara encendida, tu velo en el altar,
el sol de la mañana detrás del campanario,
chispeando las antorchas, humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar...
¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre y amándonos los dos;
tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma, los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros mi madre como un Dios!
¡Figúrate qué hermosas las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así!
Y yo soñaba en eso, mi santa prometida;
y al delirar en eso con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno por ti, no más por ti.
Bien sabe Dios que ese era mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo que existe entre los dos,
¡adiós por la vez última, amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores;
mi lira de poeta, mi juventud, adiós!




POBRE FLOR


—«¿Por qué te miro así tan abatida,
pobre flor?¿En dónde están las galas de tu vida
y el color?»Dime, ¿por qué tan triste te consumes,
dulce bien?»—«¿Quién?, ¡el delirio devorante y loco
de un amor, que me fue consumiendo poco a poco
de dolor! Porque amando con toda la ternura
de la fe,a mí no quiso amarme la criatura
que yo amé.» Y por eso sin galas me marchito
triste aquí, siempre llorando en mi dolor maldito,
¡Siempre así!»—¡Habló la flor!...Yo gemí...
era igual a la memoriade mi amor.





A UN ARROYO


A mi hermano Juan de Dios Peza
(a su gran amigo)


Cuando todo era flores tu camino,
cuando todo era pájaros tu ambiente,
cediendo de tu curso a la pendiente
todo era en ti fugaz y repentino.
Vino el invierno con sus nieblas, vino
el hielo que hoy estanca tu corriente,
y en situación tan triste y diferente
ni aún un pálido sol te da el destino.
Y así en la vida el incesante vuelo
mientras que todo es ilusión, avanza
en sólo una hora cuanto mide un cielo.
Y cuando el duelo asoma en lontananza
entonces como tú cambiada en hielo
no puede reflejar ni la esperanza.





SONETO


Porque dejaste el mundo de dolores
buscando en otro cielo la alegría
que aquí, si nace, sólo dura un día,
y eso entre sombras, dudas y temores.
Porque en pos de otro mundo y de otras flores
abandonaste esta región sombría,
donde tu alma gigante se sentía
condenada a continuos sinsabores.
Yo vengo a decir mi enhorabuena
al mandarte la eterna despedida
que de dolor el corazón me llena;
que aunque cruel y muy triste tu partida,
si la vida a los goces es ajena,
mejor es el sepulcro que la vida.





INSCRIPCIÓN EN UN CRÁNEO


Página en que la esfinge de la muerte
con su enigma de sombrea nos provoca:
¿Cómo poderte descifrar,
si es pocatoda la luz del sol para leerte?