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segunda-feira, 13 de setembro de 2010

Poemas Javier Egea




Nace en Granada-España, en el 1952. Considerado uno de los más importantes poetas españoles. Consiguió, entre otros premios literarios, el «Antonio González de Lama» por su libro "Troppo Mare" y el «Premio Internacional de poesía Juan Ramón Jiménez» por "Paseo de los Tristes". Publicó muy pocos libros de poesía: "Serena luz del viento" (1974), "A boca de parir" (1976), "Troppo Mare" (1980), "Paseo de los tristes" (1982, tal vez su obra más representativa), "La otra sentimentalidad" (1983, junto a Luis García Montero y Álvaro Salvador y, "Argentina 78" (1977, pero editado en 1983 por «La Tertulia»), y "Raro de Luna" (1990). Gran admirador de Rafael Alberti, publicó el libro “Manifiesto Albertista”, junto a Luis García Montero en 1982. Javier Egea no fue un poeta 'académico' sino que más bien fue un poeta a pie de calle, que vivió en íntima relación con la poesía. Participó en numerosos actos culturales y políticos (recitales poéticos por toda España, y en Cuba y Argentina), y realizaba actuaciones musicales y poéticas con la actriz argentina Susana Oviedo. Al morir, dejó incompleto un libro que al parecer iba a titularse Los sonetos del diente de oro, los cuales fueron publicados en 2006. Se quitó la vida en su ciudad, el jueves 29 de julio de 1999.





POEMAS





POEMA DE AMOR


Cuando en tardes que sobran las palabras y el día

sólo somos tú y yo, cada cual con su espera

y sin embargo atados en la misma carrera,

en el afán de luz, en la oscura alegría;

cuando nada se entiende sino en tu compañía

que le pone a los pasos un eco de bandera,

cuando ya todo el sueño se curva en tu cadera

y sólo en ella crecen velas, barcos, bahía;

cuando un día se sabe que pueda ser distinto

y se enciende la vida mientras amas y mueres,

cuando nada es distinto pero todo se evoca;

cuando se pide a un cuerpo la luz de un laberinto

y naufragan los días sin saber ni quién eres

y me pides silencio con un dedo en la boca.



ERAN TIEMPOS MUY DUROS



Eran tiempos muy duros. No era fácil vivir.

Por eso madrugué por los despachos,

volví mañana, les expuse el caso

y conseguí un empleo para ella:

tras mirarla a los ojos -al menos eso dijo-

le entregaron la llave más preciada,

pusieron a su cargo el alumbrado.

Yo hice lo que pude, lo que en mi mano estaba.

Y no la he vuelto a ver:

aquella misma noche me cortaron la luz.



A LUIS DE GÓNGORA



Como quien madrugó por tantos patios

de los que muestran su belleza inhóspita,

quien tantas veces hubo de vendar

los brazos sin descanso de la esperanza

rota de tanto afán,

quien habitó sus calles,

el asombro violeta de la ciudad

cerrada ya con las primeras luces,

como quien ha llamado a tantas puertas,

como quien sufre más de lo que puede.

Pero salgo mañana tras mañana

fingiendo saludar a las palomas en tropel,

casi sonámbulo,

viendo la muerte escrita

sobre los paredones

y los emblemas de sus dueños:

ellos, los asesinos,

nos fueron invadiendo con lluvias y con sapos,

anegando las últimas rendijas del corazón,

marcándonos el aire, tempestuosamente,

arrancando los hilos que llevaban

la voz, la dicha, las pequeñas cosas.

Porque la muerte nuestra tiene dueño:

ese desmesurado comprador

de la memoria y el deseo,

ese malversador de la tristeza.

¡Ellos, los asesinos,

se llevaron tan lejos la alegría!

Para entonces ya sabes

que la vida también les pertenece

y te miras los brazos acaso con temor

-esa fuerza tronchada-

por si los reconoces después de tantos siglos

tendidos sobre un fondo de oficinas,

de fábricas,

abiertos entre gentes que como tú se agotan,

entre rostros que llevan

un secreto brutal de forzada miseria,

un obligado guiño de silencio.

Se diría que todo se desploma

aunque cruzas la calle y piensas en su cuerpo

y sigues adelante.

Todo parece demasiado lejos

bajo esta luz obrera de diciembre.

Y algo te adentra en la ciudad de nuevo,

algo que ni siquiera es el amor

pero que empuja poderosamente

hacia una voz,

un resto de firmeza, una piel que se ofrece,

sabiendo en cada paso con más fuerza

que no fueron los signos o el azar,

que hay demasiada sangre detrás de una caricia.

Así salgo con norte, más cansado,

a este paisaje despoblado, sin barcos,

y en qué puedo pensar

si no es en la curva brillante

de tu cintura con estrellas,

en tu espalda con mapas ignorados y abiertos,

en los caminos sin alba de la libertad.

Y te llevo conmigo,

compañera de esquinas de diciembre,

pequeña tempestad que zarandeas,

atónito viajero,

engranaje de sueños y verdín,

náufrago dulce,

amarrado a la tabla de mi cuerpo

por este mar oscuro, despiadado,

de esa forma salvaje y tan extraña

que vive el corazón.

Hoy te lo llevo a ti porque lo veas

como él siempre ha sido,

con sus bolsillos rotos,

su vieja colección de cicatrices,

sus años, si de nieves, no de bienes,

su habitación con fotos y ceniza

y este badil en el rincón, cesante,

como si alguna lumbre antigua.

Una extraña madeja de tumbos y deseo

te va poniendo en pie cada mañana,

te dice que hay camino, que no regreses nunca.



NOCHE CANALLA



Yo no sé si la quise pero andaba conmigo,

me guiaba su risa por la ciudad tan gris.

Ella tenía en su boca colinas de Ketama

y el cielo de sus ojos me pintaba de añil.

Yo vi tantas estrellas como ella puso siempre

en aquel cielo raso como un paño de tul.

Ella llevaba el pelo como la Janis Joplin

y los labios morados como el Parfait-Amour.

La he perdido en un bosque de jeringas brillantes

por donde nos decían que se llegaba al mar;

se fue sobre un caballo de hermosos ojos negros,

por más que yo me muera no la podré olvidar.

Bajo el cielo ceniza me conducen mis piernas.

Esta noche no tengo ni esperanza ni amor.

Sólo queda el calor de mi pobre navaja.

Hoy me he visto la cara de un retrato-robot.

A pesar de sus ojos he salido a la calle,

a pesar de sus ojos me ha tocado vivir.

En un barrio de muertos me trajeron al mundo.

Esta noche canalla no respondo de mí.




quinta-feira, 19 de agosto de 2010

Poemas Luis García Montero





Nace en Granada-España, el 4 de diciembre del 1958. Poeta, critico literario y profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada. Cursó estudios en el colegio de los Escolapios. En su adolescencia se aficionó a la hípica. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, se licenció en 1980 y se doctoró en 1985 con una tesis sobre Rafael Alberti, “La norma y los estilos en la poesía de Rafael Alberti”. Mantuvo una gran amistad con el mencionado poeta del 27, y preparó la edición de su “Poesía Completa”. Se vinculó al grupo poético de "la otra sentimentalidad", corriente que en la poesía española contemporánea toma el nombre de su primer libro en conjunto, publicado en 1983, La característica más destacable es el narrativismo histórico biográfico de sus poemas, de una estructura casi teatral o novelística con un personaje o protagonista que cuenta o vive su historia a través de la memoria, del recuerdo o del deseo. Su poesía se caracteriza por un lenguaje coloquial y por la reflexión a partir de acontecimientos o situaciones cotidianas. Entre los galardones poéticos que ha obtenido destacan el; Premio Federico García Lorca, el Premio Loewe, el Premio Adonáis de poesía y el Premio Nacional de Poesía con el que fue galardonado en 1995, y el Premio Nacional de la Crítica en el 2003.






POEMAS







¿QUIÉN ERES TÚ?


Se deshizo la luz,

equivocó su horario por dejarte desnuda,

desdibujó tus ojos mientras me sonreías.

Mientras me sonreías

vi una sombra inclinada desvestirse,

abrir la cremallera despacio del silencio,

dejar sobre la alfombrala civilización.

Y tu cuerpo se hizo dorado y transitable,

feliz como un presagio que nos enfurecía.

Que nos enfurecía.

Solamente nosotros

(camaradas de una cama ruidosa) y el deseo,

ese difícil viaje de ida y vuelta,

que ahora insiste y me empuja a recordarte

alegre, levantada,

un relámpago abierto entre los ojos,

recogiendo tu falda de joven colegial.

Mientras me sonreías,

yo me quedé dormido

en las manos de un sueño que no puedo contarte.



SECRETO


Nos pusimos de acuerdo.

Yo esperaba sin prisa por la esquina,

me hacía el despistado,

hablaba con el niño y los borrachos,

encendía un cigarro o compraba el periódico.

Aparenté no verte llegar casi sin prisa,

arreglarte un momento en el descapotable,

abrir la puerta, subir hasta el segundo.

Yo despisté al portero de las barbas rojizas,

y allí,sin los silencios

del joven que se enfrenta,

sin tu arbolado anillo de goleta

que surca el matrimonio,

a pesar de tus pieles y mi piel,

nos pusimos de acuerdo.


VERSIÓN LIBRE DE LA INMORTALIDAD



En la noche profunda,

como dormida caricia que sorprende

y sigue a más,

sombras con el calor de la materia,

mordiéndose los labios, mal quitado

el pijama y ardiendo

de loca oscuridad entre los brazos.

A media luz, perfiles

como el amor de un sueño generoso

con sus protagonistas,

diseñados despacio,

mientras el pensamiento va más rápido

que los cuerpos y explica

dónde será la próxima caricia,

cuándo la paz y cómo y qué palabras.

A luz abierta, toda,

alejado de mí para mirarnos,

para mirarte hundida y encerrada

con tus propios sentidos,

hasta que abres los ojos

llenos de solitaria claridad,

y está la habitación, conmigo, atenta,

y en tus ojos comprendes

que nos gusta mirarte como a un río,

un desmayado atardecer, un paisaje infinito.

Ni tú ni yo creemos

en la inmortalidad. Pero hay momentos-oscuros,

de penumbra o luz abierta-donde

se roza el mundo de los libros

y las ventajas de la eternidad.

Escribo este poema celebrando

que pasado y presente

coincidan todavía con nosotros

y haya recuerdos vivos

y besos tan dorados como el beso

aquel de la memoria.



CANCIÓN AMARGA


En la cara lleva tres años perdidos

y el frío de las seis de la mañana.

Van a partirte el corazón.

De pronto la luz apagada,

los pasillos turbios,

la puerta que clava su ruido en la espalda.

Van a partirle el corazón.

Y arrastra una cadena oscura

de pasiones heladas,

ese frío que cabe solamente

detrás de una palabra.

Y yo la veo caminar,

despacio, perderse en lo que anda,

fugitiva tristeza que va y viene

de la sombra a la puerta de mi casa.

La luz artificial deja en la calle

el temblor silencioso

de tres barcas ancladas.

cuando ella cruza por mi lado siento

como un golpe de remos

y un murmullo de agua.



CONVERSACIONES


Como el primer cigarro,

los primeros abrazos. Tú tenías

una pequeña estrella de papel

brillando sobre el pómulo

y ocupabas la escena marginal

donde las fiestas juntan

la soledad, la música

o el deseo apacible

de un regreso en común,

casi siempre más tarde.

Y no la oscuridad, sino esas horas

que convierten las calles en decorados públicos

para el privado amor,

atravesaron juntas

nuestras posibles sombras fugitivas

con los cuellos alzados y fumando.

Siluetas con voz,

sombras en las que fue tomando cuerpo

esa historia que hoy somos de verdad,

una vez apostada la paz del corazón.

Aunque también los muebles

se hicieron a nosotros.

Frente a aquella ventana

-que no cerraba bien-,

en una habitación parecida a la nuestra,

con libros y con cuerpos parecidas,

estuvimos amándonos

en el primer bostezo de la ciudad,

su aviso, su arrogante protesta.

Yo tenía una pequeña estrella de papel

brillando sobre el labio.




ESE PERDIDO REINO...



Ese perdido reino

donde cualquier política tiene forma de beso,

de cicatriz privada

detrás de los abrazos,

nos está dominando con sus sueños,

de distancia a distancia.

Quiero que te levantes

con la misma impaciencia que los árboles,

creciendo hasta lo exacto

para rozar mis labios, para buscar en ellos

la humedad sin la lluvia.

Sé que descubriremos

siluetas desnudas por la casa,

recuerdos visitantes,

fantasmas de una noche sin verano,

que andarán en nosotros

y pedirán su cuenta,

porque la oscuridad, como un espejo,

nos devuelve la imagen que le damos.

Pero conozco todas las preguntas

que no sé contestarte,

el cuerpo en donde viven las interrogaciones,

tu sueño en los pañuelos,

como de haber llorado.



ME PERSIGUEN...



Me persiguen

los teléfonos rotos de Granada,

cuando voy a buscarte

y las calles enteras están comunicando.

Sumergido en tu voz de caracola

me gustaría el mar desde una boca

prendida con la mía,

saber que está tranquilo de distancia,

mientras pasan, respiran,

se repliegan a su instinto

de ausencia los jardines.

En ellos nada existe

desde que te secuestran los veranos.

Sólo yo los habito

por descubrir el rostro

de los enamorados que se besan,

con mis ojos en paro,

mi corazón sin tráfico,

el insomnio que guardan

las ciudades de agosto,

y ambulancias secretas como pájaros.