Pretendiendo ser la vida.
terça-feira, 5 de abril de 2011
Poemas María Elena Sancho
Pretendiendo ser la vida.
quarta-feira, 19 de janeiro de 2011
Poemas María Elena Walsh
para justificarla
que su sabiduría,
domingo, 10 de outubro de 2010
Poemas de Poldy Bird

Nació en Paraná provincia de Entre Ríos-Argentina, en el año 1941. Perdió a su madre tan sólo con ocho años en un trágico accidente de tren, esto marcó su vida para siempre. Con 13 años ganó un concurso de poesía, y con 16 publicó su primer cuento, un año más tarde ya empezó a publicar de forma profesional, colaborando en revistas importantes, en suplementos literarios tanto argentinos como del exterior. Poldy en alguna ocasión ha comentado que el talento que tiene con la escritura lo heredó de su madre. Entre sus obras más famosas se encuentran: “Cuentos para Verónica” (dedicado a su hija), "Cuentos para leer sin rimel" y "Nuevos cuentos para Verónica".
No le gusta que califiquen a sus relatos como sentimentales o sensibleros. Lo que ella busca es escribir sobre problemáticas emocionales. "Nunca me propuse conmover, además por más que te lo propongas sino tenés un don no le movés un pelo a nadie. Lo mismo pasa con hacer humor. Tanto el hacer reír como el hacer llorar, no es algo que se pueda forzar, tiene que salir solo. Yo creo que la gente llora porque mis relatos le disparan recuerdos sobre sus sentimientos o le remueven alguna situación de su historia personal".
CAFÉ PARA UNO
Casi le pido al mozo “Dos cafés”. Pero me dio un poco de vergüenza pensar que la gente se extrañaríaal ver la otra taza, frente a la silla vacía. O que el mozo creyera que alguien faltó a la cita o me dejó plantada. Así que dije: un café.
Y mientras revuelvo amorosamente la cucharita en el líquido humeante me parece verte caminar entre las mesas sonriendo como siempre, con tu casaca, el diario en una mano y mirando con tus ojos claros. ¿Cuánto tiempo hace que no nos encontramos? ¿Cuánto tiempo sin que alguien quiera saber cómo verdaderamenteme siento, qué me pasa, cómo estoy? Sin intentar juzgarme o reprocharme; sino simplemente entenderme.Eso es lo que más extraño de ti: la comprensión. Decirte todo. Confesarte aciertos y errores sin que te sobresaltes, ni te enojes, ni me pidas explicaciones.
Algo se apuraba en mi pecho cuando te miraba las manos, con tus dedos manchados de nicotina, sensitivas y fuertes a la vez. Manos que no se avergonzaron de cambiar pañales, de ayudarme a lavar platos, de traerme un pequeño regalito, sólo de recuerdos.
Todos los amigos se acuerdan de ti y te echan de menos. Algunos siguen viniendo a casa, otros no, pero sé que se acuerdan y siempre te van a recordar. No es necesario que te cuente las cosas en detalle, porque estás enterado de todo, estoy segura! Y aunque quisiera hablarte las palabras se me ahogan en ese lago que inunda mi garganta. Se hunden allí, no salen.Yo sé que estás sereno y suelto como antes. Estás ahí, con una paz que suelta pajaritos de luz sobre las cosas. Y me parece que si estás ahí, nada malo podrá sucederme, porque no dejarías que nada malo me pasara.
Como el mar contra las rocas, estallan mis recuerdos. Y hasta la última célula de mi cuerpo se siente desamparada en tu ausencia. Nunca nadie me hizo sentir tan protegida, nunca nadie me ha vuelto a dar paz. A cada recuerdo lo subraya una línea azul de llanto y me la beboa sorbitos con el café. No vi en qué momento te fuiste.No oí tus pasos alejándose. Me sequé las mejillas con las manos, llamé al mozo, pagué, respiré hondo, observé la taza solitaria y salí. Cada tanto entro a un café y pido “Un café para uno” y te convoco, te siento frente a mí, te arranco de ese exilio que es la muerte y por un rato creo que la silla vacía se llena con tu presencia como un sueño.
AZÚCAR PARA LA SUERTE
Toma. Este sobrecito de azúcar es para la suerte. No, no lo uses, no lo eches en el té, guárdalo. Pónelo en un bolsillo de tu cartera, o en un cajón de la cómoda. ¿Vos no creés en estas cosas? Si, seguro que creés Todos creen, aunque digan que no. Todos hicimos alguna vez un pilato, cruzamos los dedos mientras jurábamos mintiendo. Pero fundamentalmente vos estás segura de que yo te comprendo, de que yo te quiero, de que somos amigas, por más que me conozcas por fotos y yo no pueda dibujar tu rostro exactamente en mi memoria, así, con esa mirada y esa sonrisa y ese color de piel. En realidad lo que conozco bien es tu manera de sentir: los motivos de tu insomnio, de tus lágrimas, de tus alegrías. Me parece que podría dibujar, eso, si, exactamente, tus sueños. Y este sobrecito de azúcar que tocas aquí, en el renglón número "tanto" de esta pagina (cuidado, que no se rompa, va a ser como un panadero soplado en la siesta de verano, puro copito de algodón desparramado el azúcar si se cae) lo robé de la mesa de un bar para dártelo a vos. A vos que sos de sagitario como yo, o de acuario como mi hija, o...¿de qué signo sos? Este sobrecito de azúcar hará que todos los planetas estén bien aspectados para vos. Que tengas tantas ganas de vivir, que nada te las pueda anestesiar. Hará que entiendas que la libertad no es algo que nos llega de afuera, una imposición, una dádiva, un regalo, una gracia, sino que es algo que tenemos adentro, que nos pone alas en la mente y en el corazón, para que nuestras ideas y nuestros sentimientos puedan volar aunque nos tengan encadenadas a una silla, amordazadas, quietas, entre rejas, amenazadas. Lo que sale a volar es el alma..., la que viaja es el alma, por lluvias que enhebran las cuentas del arco iris ... de siete mil colores. Y a esa alma no la hieren las mentiras, porque no le llegan. Y no la perturban las sombras, porque ella es como una invencible mariposa de luz. Cada granito de azúcar de este sobre es una armadura para que te defienda. Cada granito de azúcar es una hora de un recuerdo que no querés que se pierda: es un poquito de infancia en la casa de la abuela.... Y es un ratito de la noche en que nuestra prima mayor se quedaba a dormir en casa y escuchábamos embobadas sus historias de amores y de bailes girando interminablemente... Y es mamá adornando con rositas de organza la torta de nuestro cumpleaños, cuando se cumplían los tres deseos que pedíamos al soplar las velitas... Y es la abuela paciente enseñándonos a tejer en punto santa clara una bufanda que nos llegaba hasta los pies. Y es la maestra de quinto grado, tan linda, tan alta, tan elegante y tierna, poniéndonos en el cuaderno un muy bien diez que despertaba el orgullo de papá. Y es el rouge rosa claro con el que pensábamos que parecíamos más mujeres. Y la gota de esmalte que cortaba la corrida de la media de nailon. Y el chico que no quería dejarnos ver la película en el cine del barrio, enamorado y ávido. Un puñadito para todos: el sello del primer voto en la libreta cívica, una manifestación disuelta con gases lacrimógenos que casi nos asfixian, los paraísos talados en toda la cuadra de casa, la sortija de casamiento, el bebe chiquitito que nos convirtió en diosas, el miedo de morirnos antes de que fuera grande y pudiera valerse por sí mismo. Las cartas de los amigos que se fueron a vivir a otros países, los discos de Sui Generis... Y cómo las cosas que amábamos se iban disociando: los Beatles, el café semanal de las cuatro mosqueteras......Qué sé yo.
BAJO LA LLUVIA
Bajo la lluvia.
Flores de agua que asoman sus corolas
en el ramaje del pelo,
una gota resbala por el cuerpo,
deja una huella celeste
y un beso.
Estar desnudos
como en el primer día.
Serla primera mujer
y el primer hombre
y trenzarnos en lucha
hasta que la carne
se nos caiga a pedazos,
como harapos
y quede la osamenta,
y la lucha siga
entre huesos de nácar
y palabras
que bailan en el agua.
Estar solos,
íntegros y nuestros,
cansados como sauces.
La lluvia nos entierre
con su pala de plata
y crezca de nosotros
un árbol superior.
Bajo la lluvia.
Pesan las costumbres
sobre el cuerpo
y abre el agua sus pétalos.
BESOS EN LA BOCA
Cierro los ojos. Vienes.Y qué importa si vienes, si eres tú, quien sea…Cierro los ojos y el perfume que quiero, el que elijo, se derrama en mi cuerpo, y en el lugar vacío se hace presente un hombre.Un hombre que me ama, que se muere de ganas de apretarme en sus brazos, que desliza caricias por la piel, seda en celo.Los murmullos de su voz confunden las palabras, las envuelven, las sueltan… ¿es tu voz… es tu arrullo? ¿Y qué importa si es tuya, si se parece o no a la voz que amé, que quizás sigo amando todavía? Nada importa. Los cuerpos tienen treinta y siete grados de temperatura, algo más en el momento de hacer el amor… y pesan lo que el delirio quiera… porque se van acomodando al vaivén, al oleaje del mar sobre las sábanas… Un cuerpo, el tuyo, otro… con los ojos cerrados… son el mismo cuerpo que al abrir la caja del deseo deja volar un millón de mariposas en el cielo oscuro de la soledad.T ú qué andarás haciendo.Por qué lugar caminarán tus pasos. En qué charla estarás entreverado.En qué silencio estarás amarrado como un velero al muelle. ¿Estás vivo?¿No te has muerto aun de indecisión, de estupidez, de aburrimiento? Yo me obligué a estar viva. Me obligué a no pensarte, a cambiarte por otros en la imaginación, a confundir las pieles, los gustos, las texturas, a transformar muchos hombres diferentes en ti.Ninguno se da cuenta si pronuncio tu nombre, porque ninguno escucha… y estoyen mi emoción y en mi mente con quien me da la gana. ¿Qué importa si estás o no? ¿Qué importa si me amas o dejaste de amarme, si nos conocimos de veras aquella tarde, allá, o sólo fue un recuerdo de quien sabe quien que pasó por allí y entrecruzó su pensamiento con el mío confundiendo la verdad? Yo no cuestiono tanto. Ni hago preguntas. Ni me pregunto. No necesito respuestas, ni explicaciones, nada. Hay un nuevo ícono en mi computadora celular… es uno en el que vuelcas todo lo que ha pasado, y lo elimina sin largarlo al espacio, sin ocupar el aire… lo desaparece como el mejor de los magos, sin dejar rastros.Y así todo comienza. Vuelve a empezar. Lo aprendí de los días, lo aprendí de las noches, lo aprendí de las lluvias y las enredaderas de jazmines azóricos. Todo vuelve.Todo empieza. Todo se recicla. ¿Qué importa que ese que ahora me besa y mis ojos cerrados no ven ni reconocen… sea otro o seas tú? Sus besos en la boca son esos mismos besos en la boca que me resucitaron cuando creía que nunca volvería a enamorarme.Los labios que se apoyan en los labios, suavemente. Los labios que se entibian, que se mojan, que entran en ebullición, la boca que abre su capullo y se convierte en rosa, hambrienta rosa carnívora, rocío de saliva, leves filos de dientes con la sabiduría de no lastimar…Ay, tu boca.Ay, mi boca. Ay las bocas sedientas, las bocas espléndidas, las bocas apuradas que de pronto se hacen lentas, se detienen, esperan el encuentro, se acomodan a los latidos del corazón, los besos, los besos en la boca, de esas bocas que se fueron acercando kilómetro a kilómetro, día a día… hora a hora, segundo a segundo… hasta que unieron chispazos de electrones en un grano de arena. ¿Sólo fuiste un invento? ¿Mi invento? ¿Solamente amé yo…?Ah… ya no importa. Si fuiste… si eres… si serás…Total…. cierro los ojos, digo un nombre que quizás sea el tuyo, o el de otro, o un nombre cualquiera que me guste… y las agujas del reloj comienzan a marcar la hora mágica,la hora solamente mía de los besos en la boca.
NUNCA VUELVEN
Voy a tener que cambiar de planeta.
Porque quiero olvidarte y no puedo.
Dejo las calles por las que caminamos juntos.
No voy a los restaurantes donde comíamos.
No escucho la música que te gustaba.
Quemé mi vestido azul y mi blusa turquesa,
que eran tus preferidos.
Saqué tu ropa del placard, regué tus perfumes en la arena,
rompí tus discos, desenrollé tus cintas,
regalé tus libros, cambié de lugar tus muebles,
pinté las paredes, limpié tus huellas de todo lo que tocaste.
¡Cuánto froté mi cuerpo bajo el agua!
¿Y quién crees que se me aparece en sueños,
cuando duermo? Tú.
Encantador, diciéndome justo lo que ansiaba escuchar.
Tú. Con la sonrisa aquella.
Con la mirada aquella.
Con esa luz que me encendía como a una lámpara.
Ahora me pongo el despertador cada dos horas
para despertarme y alejarte.
¡Vete! Ya tomaste de mí lo mejor que tenía.
Déjame lo demás. Aunque no sea perfecto,
aunque no sea ni siquiera bello, lo quiero para mí,
lo necesito para seguir viviendo.
¡Vete! Me fui al norte, me fui al sur,
y al este y al oeste, y al otro lado del océano...
Al frío y al calor, ¿y a que no sabes quién me abrigaba,
quién me refrescaba, quién me señalaba lo que había que mirar,
quién descubría conmigo los lugares nuevos? Tú.
No sé cómo te sientas en el cine junto a mí.
Y caminas delante de mis pasos. Y me esperas en todas
las esquinas.
¡Basta ya! Bórrate. Esfúmate. Dilúyete.
Quédate quieto donde tienes que estar.
Silencia tu voz. Apaga tu mirada.
No me toques. No espíes mi corazón.
No te instales en mis sentimientos.
¿Acaso no sabes que ya no es posible?
¿Acaso no entiendes que ya no hay manera de lograrlo?
Yo lo intenté y fue en vano.
Horas, días, meses, llamándote, rezando,
pidiéndole a Dios a los gritos que no fuera verdad,
que exorcizara de mi ser la pesadilla filosa que cortó el romance.
“Hubiera podido ser hermoso como una estrella”.
Pero se quebró.
Cristal hecho añicos.
Un espejo roto que nada reflejaba.
Anduve loca con gritos aturdiéndome.
Buscando en los rincones, en los cajones,
en los bolsillos, en los recuerdos.
Haciendo una fiesta a cada papelito escrito por tu mano.
Lustrando tus retratos.
Frotando mi nariz en tus olores que se iban desvaneciendo
por tu ausencia.
Desesperada. Descontrolada. Sin ver a nadie.
Fabricando la realidad con hilos de cristal y pedacitos de sueños.
Y me di la cabeza contra la verdad.
Ya nada.
Ya nunca más.
Ya nunca. Nunca.
En medio del dolor me detuve.
Es hora de recobrar la vida, me dije,
fue demasiado llanto. Sequé las lágrimas,
olí las rosas, me pinté los ojos,
vi el arcoíris después de la lluvia,
puse en orden el alma y me empeñé en ponerte en tu lugar:
allá, con todo lo que fue, con lo vivido, e el pasado,
como debe ser.
Pero tú no me dejas. No te das por vencido.
Voy a tener que irme a un planeta sin aire.
Porque eres el aire. Eres el aire.
Eres el aire. Y el agua. Y los jazmines. Y mi sombra.
Y mi canto. ¡Vete!
¿No te han dicho, acaso, que los muertos no regresan?
Nunca regresan. Nunca regresan.
Nunca regresa.
terça-feira, 22 de junho de 2010
Poemas Alfonsina Storni
Nació en Sala Capriasca (Suiza) el 29 de Mayo de 1893, fue la tercera de los hijos que tuvieron los Storni. Su familia era propietaria de una cervecería y oriundos de Argentina donde años más tarde volvieron a su patria, su madre dio clases a domicilio y su padre puso en café suizo en Rosario. Alfonsina antes de dedicarse a su poesías ayudó a su padre como mesonera, cosa que no le gustaba, se independizó encontró trabajo como actriz recorrió varias provincias en una gira teatral. También llegó a ejercer de maestra donde escribió sus poesías y algunas obras de teatro. Sus letras son feministas, buscaba en ella la igualdad entre el hombre y la mujer, y según la crítica con una originalidad que cambio el sentido de las letras de Latinoamérica, otros dividen su obra en dos partes, una de corte romántico tratando el tema desde el punto de vista erótico y sensual mostrando resentimiento hacia la figura del hombre. Perteneciente al movimiento postmodernismo, donde se reflejan los miedos, el dolor, las sensaciones y el final de su vida debido a la enfermedad que le acompañó gran parte de su vida. Ya que no puso voluntad para poder recuperarse del cáncer de mama que padeció, descartando los tratamientos. Se vincula a dos revistas literarias, Mundo Rosarino y Monos y Monadas. Allí aparecen sus poemas durante todo ese año, y si bien no hay testimonio de ellos, sí sabemos de otros publicados al año siguiente en Mundo Argentino, y que tienen resonancias hispánicas. También en 1918 Alfonsina recibe una medalla de miembro del Comité Argentino Pro Hogar de los Huérfanos Belgas. Alfonsina intervino en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su participación en el gremialismo literario fue intensa. En 1928 viajó a España en compañía de la actriz Blanca de la Vega, y repitió su viaje en 1931, en compañía de su hijo. En la Peña del café Tortoni conoció a Federico García Lorca, durante la permanencia del poeta en Buenos Aires entre octubre de 1933 y febrero de 1934. Le dedicó un poema, «Retrato de García Lorca», publicado luego en Mundo de siete pozos (1934). Allí dice: «Irrumpe un griego /por sus ojos distantes (…). Salta su garganta /hacia afuera /pidiendo /la navaja lunada /aguas filosas (…). Dejad volar la cabeza, /la cabeza sola /herida de hondas marinas /negras…». Su último poema “ Voy a dormir” que envió al diario la Nación era su despedida y decía:
Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme puestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados. Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera, una constelación, la que te guste, todas son buenas; bájala un poquito .Déjame sola: oyes romper los brotes, te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que te olvides. Gracias... Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido..."
Se suicidó en Mar de Plata (Argentina) el 25 de octubre del 1938, la encontraron en la playa dos obreros, yacía en el agua flotando uno de ellos dió la voz de alarma el otro se arrojó al mar, pero ya estaba sin vida la poetisa.
ANTOLOGÍA POÉTICA
ALMA DESNUDA
Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
Con que la primavera nos envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.
Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.
DOLOR
Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana,
para concordar con las grandes olas,
y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas hundirse
en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta,
la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...
Perder la mirada,
distraídamente, perderla y que nunca
la vuelva a encontrar: y,
figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.
LA CARICIA PERDIDA
Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos...
En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega.
Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...
Si en los ojos te besan esta noche,
viajero, si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.
Si no ves esa mano,
ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?
YO EN EL FONDO DEL MAR
En el fondo del mar hay una casa de cristal.
A una avenida de madréporas da.
Un gran pez de oro, a las cinco, me viene a saludar.
Me trae un rojo ramo de flores de coral.
Duermo en una cama un poco más azul que el mar.
Un pulpo me hace guiños a través del cristal.
En el bosque verde que me circunda
—din don... din dan—
se balancean y cantan
las sirenas de nácar verdemar.
Y sobre mi cabeza arden,
en el crepúsculo,
las erizadas puntas del mar.
RETRATO DE GARCÍA LORCA
Buscando raíces de alas
la frente
se le desplaza
a derecha e izquierda.
Y sobre el remolino
de la cara
se le fija,
telón del más allá,
comba y ancha.
Una alimaña
le grita en la nariz
que intenta aplastársele
enfurecida...
Irrumpe un griego
por sus ojos distantes.
Un griego
que sofocan de enredaderas
las colinas andaluzas
de sus pómulos
y el valle trémulo
de su boca.
Salta su garganta
hacia afuera
pidiendo
la navaja lunada
de aguas filosas.
Cortádsela.
De norte a sur.
De este a oeste.
Dejad volar la cabeza,
la cabeza sola,
herida de ondas marinas
negras...
Y de caracolas de sátiro
que le caen
como campánulas
en la cara
de máscara antigua.
Apagadle
la voz de madera,
cavernosa,
arrebujada
en las catacumbas nasales.
Libradlo de ella,
y de sus brazos dulces,
y de su cuerpo terroso.
Forzadle sólo,
antes de lanzarlo
al espacio,
el arco de las cejas
hasta hacerlos puentes
del Atlántico,
del Pacífico...
Por donde los ojos,
navíos extraviados,
circulen sin puertos
ni orillas...
PAZ
Vamos hacia los árboles... el sueño
Se hará en nosotros por virtud celeste.
Vamos hacia los árboles; la noche
Nos será blanda, la tristeza leve.
Vamos hacia los árboles, el alma
Adormecida de perfume agreste.
Pero calla, no hables, sé piadoso;
No despiertes los pájaros que duermen.


