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terça-feira, 5 de abril de 2011

Poemas María Elena Sancho





María Elena Sancho, pintora, dibujante, escritora y poetisa, argentina. Nace en el año 1961 en el barrio Federal de Caballito-Argentina. Ha publicado 4 libros: “Susurro de mujer” 2005, “Laberinto de sentimientos” 2007, “Sentimientos de mujer” 2008, “Entre vos y yo” 2009. Ha participado en varias “Antologías” en su país y el exterior. Sus pinturas son de estilo aborigen arte precolombino. Actualmente trabaja en radio ARINFO “Poesía y algo más” de Argentina. Desde entonces hasta hoy continúa aprendiendo de la vida.



POEMAS




ESTOY MURIENDO


Estoy muriendo
Siento que se apaga la llama
De este amor
Que lo lanzaba obtusamente
Al universo con gran resplandor
Perdona mis errores, defectos
Es parte de los dos
Tú tienes los tuyos los acepto
Por favor
Dame una señal
Para seguir amándote
Con todo esta pasión
Palpitando desde lo profundo
De mi corazón
Solo dame una señal.


 

LABERINTO DE AMOR


Laberinto de amor
Nos jugaste una mala pasada
Entre tantos caminos
Encontramos el nuestro
Nos unió también nos alejo.
En el laberinto busque
Alguien más
Con tus ojos, piel, perfume
Fue en vano.
Nada es igual
Me engañe
No fui feliz
Decidí quedarme sola
Dentro de el
Hasta que aparezca
El amor
El sendero de la vida
Nos lleva a recorrer
Este profundo
Dulce, agrio y suave
Laberinto del amor.



AMARTE


Amarte
Es un Universo
Para dos
Compartiendo
Los sentimientos
Más profundos.

Amarte
En complicidad
Con el infinito
Fundiendo nuestros
Cuerpos
Siendo dos corazones
Palpitando en uno.

Amarte
Hasta morir
Es vivir un sueño
Eterno.

 

MI ÚNICO DELITO


Mi único delito
Fue amarte
Sentirte, desearte
Creer en la verdadera unión
De dos cuerpos y almas
Entrelazadas
En perfecta armonía
Formando una sola
Si ese fue mí único delito
¡Me declaro culpable!


ADVERSIDAD

 
Hay árboles
Los cuales parece,
Sólo parecen frágiles
Débiles
Ya que no se quiebran
Ni rompen
Mares tranquilos
Aguas trasparentes
Que se enfurecen
Al quererlos tapar
Con tierra, invadiendo
Su espacio.
Flores bellísimas
Que al querer arrancarlas
Clavan sus espinas
Pero lo más importante
En esta época donde todo da igual
Como dijo Discepolín:
Un ladrón como un gran profesor.
Hay personas
Que no se venden, ni se compran
Yo soy así
¿Y vos?




SI PUDIERA…

 
Si pudiera tan solo una vez amarte…
Que sintieras conmigo la entrega absoluta
Al amor y al deseo.
Que cerraras tu mente
Y abrieras los sentidos y tu alma.

Si pudiera…
Te raptaría por un día de tu soledad
Poblada de mentiras,
Como dibujos inmóviles en una pared
Pretendiendo ser la vida.

Si pudiera…
Arrancaría el candado que encarcela
A tu ave azul de alas grandes
Que no puede volar porque tú no lo dejas.

Si pudiera…
Pero no, no puedo…
Porque al encarcelarte me has hecho prisionera.
Porque al necesitarte yo misma me he puesto las cadenas.
Porque ya no veo la cárcel desde afuera.
Porque al amarte me deje olvidada la libertad y desaprendí
El modo de salvarnos de la tristeza.



TUVE UN SUEÑO

 
Tuve un sueño
En esta tarde fría
De besos y humedad
Sabanas-paredes
Silenciosas
En la conjunción de dos cuerpos
En uno
Estremecidos por pasión, amor
Imposible describirlo
Solo se puede sentir
Piel a piel
En el mutuo rose
Perpetuo del amor.




Hoy os presento a María Elena Sancho, la conocí porque ella vino a mí, casi recién nacido mi blog de poemas. Puse la categoría “Poemas con voz”, y María Elena gentilmente contacto conmigo a través de un correo, me mandó dos audio en los que ella misma recitaba sus propios versos. Y los subí al blog con todo el cariño que se merece tal ofrecimiento, recuerdo que me puse muy contenta. Pues la gente comenzaba a responder.

Por si no lo sabéis yo abrí el blog de poemas con la intención de que las personas amantes de las letras tuvieran un espacio donde publicar sus escritos, sin animo de lucrarme con ello, pero la gente no respondió, sinceramente hubieron tan sólo cinco personas. Por lo que así no pude tirar adelante mi sueño, pero bueno así me lance a la aventura de escribir, cogí fuerzas y empecé a publicar cosas mías, al principio con mucho miedo la verdad, pero os tengo que agradecer tanto porque gracias a los que me seguís y estáis a mi lado, sigo escribiendo y publicando cosas mías, no sin olvidarme de poner otros autores, así aprendo de ellos y vosotros también. Espero que os guste María Elena, os dejo el enlace de uno de sus blogs, por si queréis seguirla como la sigo yo. Gracias María Elena por tu cooperación y tu amistad, y gracias a todos los que siguen mis publicaciones desde mi corazón os quiero.



quarta-feira, 19 de janeiro de 2011

Poemas María Elena Walsh





María Elena Walsh, nace en Ramos Mejia-Buenos Aires-Argentina el 1 de febrero del 1930. Fue una poetisa, escritora, cantautora, dramaturga y compositora. A los 12 años ingresó a la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, de Buenos Aires (Barracas), donde se radicó. En 1945, a los 15 años, publicó su primer poema en la revista El Hogar (número dedicado a la primavera), titulado Elegía e ilustrado por su compañera de colegio Elba Fábregas. Ese mismo año escribió también en el diario La Nación. En 1947, cuando contaba con 17 años, sufre la muerte de su padre y publica su primer libro, un poemario titulado Otoño imperdonable que recibió el segundo premio Municipal de Poesía, aunque el jurado se excusó diciéndole que no le habían otorgado el primero porque era demasiado joven. A pesar de su juventud, se trata de un libro notable, que llamó de inmediato la atención sobre ella del mundo literario hispanoamericano. Reúne poemas escritos entre los 14 y los 17 años, que sorprenden por la madurez expresiva y por un estilo natural, plenos de hallazgos y juegos líricos, como en «Término», donde se define a sí misma como «un sitio donde florecerá la muerte». Luego de finalizar sus estudios secundarios en 1948, recibiéndose como profesora de Dibujo y Pintura. De vuelta en Buenos Aires y ya sobre el filo de la mitad del siglo, María Elena frecuentaba los círculos literarios e intelectuales y escribía ensayos en diversas publicaciones. En 1951 publicó su segundo poemario, Baladas con Ángel. El libro fue editado en un mismo volumen con Argumento del enamorado, del igualmente joven escritor Ángel Bonomini, quien por entonces era novio de María Elena. El volumen constituye un todo en el que dos enamorados intercambian sus emociones expresadas en versos. En esta oportunidad Walsh recurre a la balada para construir su obra poética, una forma lírica construida a partir de la musicalidad de su estructura, Las mismas muestran a la poetisa en un momento de optimismo y alegría inducido por el amor, pero a la vez dejan traslucir una insatisfacción de fondo que pronto estallaría. Estas emociones pueden encontrarse en Balada del tiempo perdido, donde la escritora exterioriza la angustia que la venía acosando, calmada ahora por la llegada del amor. Su fama literaria le vino por sus obras infantiles tan entrañables personajes como Manuelita la tortuga y los libros Tutú Marambá. Y las canciones de su autoría que integran el cancionero popular argentino son La vaca estudiosa, Canción de Titina, El Reino del Revés, La pájara Pinta, La canción de la vacuna (El brujito de Gulubú), La reina Batata, El twist del Mono Liso, Canción para tomar el té, En el país de Nomeacuerdo, La familia Polillal, Los ejecutivos, Zamba para Pepe, Canción de cuna para un gobernante, Oración a la justicia, Dame la mano y vamos ya, etc. Falleció en Buenos Aires, el 10 de enero del 2011.






POEMAS




 
ENTONCES


Cuando yo no te amaba todavía
-oh verdad del amor, quien lo creyera-
para mi sed no había
ninguna preferencia verdadera.

Ya no recuerdo el tiempo de la espera
con esa niebla en la memoria mía:
¿El mundo cómo era
cuando yo no te amaba todavía?

Total belleza que el amor inventa
ahora que es tan pura
su navidad, para que yo la sienta.

Y sé que no era cierta la dulzura,
que nunca amanecía
cuando yo no te amaba todavía.


 

AHORA


Ahora como un ángel apareces
y me rodeas sin decirme nada.
Ángel que yo cuidara tantas veces
sin saberlo, callada.
En todo lo que miro permaneces
como el aire feliz de la mirada.
Me parezco a tu ausencia y te pareces
a mí resucitada.
Porque viniste cuando me moría
a devolverme a vivas caridades;
porque mi noche muda se hizo día
por gracia de tu voz iluminada,
en esta eternidad con que me invades
yo que no era, soy tu enamorada.


 

BALADA TRISTE


Era el otoño y era la llovizna,
la inicial certidumbre del poniente.
Mis pasos desandaban su tristeza
mientras sobre la tierra conmovida
era el otoño y era la llovizna.

En el transcurso de las avenidas
todos los pájaros habían muerto,
y las hojas llovían cautamente
sobre la hierba, cerca de mi sangre,
en el transcurso de las avenidas.

¿Qué llanto conocí, qué desconsuelo
bajo los árboles deshabitados?

Cuando en la fuente se reconocía
un cielo de palomas lejanísimas
qué llanto conocí, qué desconsuelo.

Oh muros de mi sed, aquellos muros
que no sé si existieron a mi lado;
bebí en ellos soledad de siglos,
luz funeraria, fríos alusivos.
Oh muros de mi sed, aquellos muros.
Triste ejercicio el de invadir la niebla
por ámbitos inciertos, declinando.

Atravesé desconocidos puentes
en el amanecer de los faroles.
Triste ejercicio el de invadir la niebla.
Todos los pájaros habían muerto
en el transcurso de las avenidas.

Qué llanto conocí, qué desconsuelo:
era el otoño y era la llovizna,
todos los pájaros habían muerto.


 

VANA HISTORIA


Si no recuerdo mal, todo cabía
entre los horizontes de un pañuelo.
Entonces figuraba el mediodía
un sol con ojos en mitad del cielo.
Y gracias a una tierna hechicería
la noche prodigaba su consuelo
con tanta caridad que uno veía
las estrellas tiradas en el suelo.
Pero hoy el agua no lo dice. Es cierto:
ya no se pone un corazón dorado
ni roba añiles a la golondrina.
Porque el mundo hechizado está desierto.
Qué dolor, sobre él se ha desatado
el Miedo con sus trapos de neblina.


 

ESENCIA


Nunca nombrarla, nunca.
Ni callarla siquiera.
Solamente crecer de sus raíces
con asombrado llanto.
Ser y morir tan solo
para justificarla
como naturaleza
y sumisa costumbre.
Madurará con pausa
y exactitud de necesaria estrella
y solo incertidumbres
me probarán su órbita,
su doloroso amor, su cumplimiento.
Será un desgarramiento
elemental, constante.
Desesperada espera
-lo sé- desesperada.
Y sin embargo, nada
persistirá más cierto
que su sabiduría,
que sus sencillas fiestas.
Como el rosal seguro de la rosa.
Y yo seré la sombra
de su florecimiento,
yo viviré acatando
su voz y su silencio,
en indefensa tierra,
irrenunciablemente.






 



domingo, 10 de outubro de 2010

Poemas de Poldy Bird





Nació en Paraná provincia de Entre Ríos-Argentina, en el año 1941. Perdió a su madre tan sólo con ocho años en un trágico accidente de tren, esto marcó su vida para siempre. Con 13 años ganó un concurso de poesía, y con 16 publicó su primer cuento, un año más tarde ya empezó a publicar de forma profesional, colaborando en revistas importantes, en suplementos literarios tanto argentinos como del exterior. Poldy en alguna ocasión ha comentado que el talento que tiene con la escritura lo heredó de su madre. Entre sus obras más famosas se encuentran: Cuentos para Verónica” (dedicado a su hija), "Cuentos para leer sin rimel" y "Nuevos cuentos para Verónica".
No le gusta que califiquen a sus relatos como sentimentales o sensibleros. Lo que ella busca es escribir sobre problemáticas emocionales. "Nunca me propuse conmover, además por más que te lo propongas sino tenés un don no le movés un pelo a nadie. Lo mismo pasa con hacer humor. Tanto el hacer reír como el hacer llorar, no es algo que se pueda forzar, tiene que salir solo. Yo creo que la gente llora porque mis relatos le disparan recuerdos sobre sus sentimientos o le remueven alguna situación de su historia personal".








CAFÉ PARA UNO


Casi le pido al mozo “Dos cafés”. Pero me dio un poco de vergüenza pensar que la gente se extrañaríaal ver la otra taza, frente a la silla vacía. O que el mozo creyera que alguien faltó a la cita o me dejó plantada. Así que dije: un café.
Y mientras revuelvo amorosamente la cucharita en el líquido humeante me parece verte caminar entre las mesas sonriendo como siempre, con tu casaca, el diario en una mano y mirando con tus ojos claros. ¿Cuánto tiempo hace que no nos encontramos? ¿Cuánto tiempo sin que alguien quiera saber cómo verdaderamenteme siento, qué me pasa, cómo estoy? Sin intentar juzgarme o reprocharme; sino simplemente entenderme.Eso es lo que más extraño de ti: la comprensión. Decirte todo. Confesarte aciertos y errores sin que te sobresaltes, ni te enojes, ni me pidas explicaciones.
Algo se apuraba en mi pecho cuando te miraba las manos, con tus dedos manchados de nicotina, sensitivas y fuertes a la vez. Manos que no se avergonzaron de cambiar pañales, de ayudarme a lavar platos, de traerme un pequeño regalito, sólo de recuerdos.
Todos los amigos se acuerdan de ti y te echan de menos. Algunos siguen viniendo a casa, otros no, pero sé que se acuerdan y siempre te van a recordar. No es necesario que te cuente las cosas
en detalle, porque estás enterado de todo, estoy segura! Y aunque quisiera hablarte las palabras se me ahogan en ese lago que inunda mi garganta. Se hunden allí, no salen.Yo sé que estás sereno y suelto como antes. Estás ahí, con una paz que suelta pajaritos de luz sobre las cosas. Y me parece que si estás ahí, nada malo podrá sucederme, porque no dejarías que nada malo me pasara.
Como el mar contra las rocas, estallan mis recuerdos. Y hasta la última célula de mi cuerpo se siente desamparada en tu ausencia. Nunca nadie me hizo sentir tan protegida, nunca nadie me ha vuelto a dar paz. A cada recuerdo lo subraya una línea azul de llanto y me la beboa sorbitos con el café. No vi en qué momento te fuiste.No oí tus pasos alejándose. Me sequé las mejillas con las manos, llamé al mozo, pagué, respiré hondo, observé la taza solitaria y salí. Cada tanto entro a un café y pido “Un café para uno” y te convoco, te siento frente a mí, te arranco de ese exilio que es la muerte y por un rato creo que la silla vacía se llena con tu presencia como un sueño.




AZÚCAR PARA LA SUERTE


Toma. Este sobrecito de azúcar es para la suerte. No, no lo uses, no lo eches en el té, guárdalo. Pónelo en un bolsillo de tu cartera, o en un cajón de la cómoda. ¿Vos no creés en estas cosas? Si, seguro que creés Todos creen, aunque digan que no. Todos hicimos alguna vez un pilato, cruzamos los dedos mientras jurábamos mintiendo. Pero fundamentalmente vos estás segura de que yo te comprendo, de que yo te quiero, de que somos amigas, por más que me conozcas por fotos y yo no pueda dibujar tu rostro exactamente en mi memoria, así, con esa mirada y esa sonrisa y ese color de piel. En realidad lo que conozco bien es tu manera de sentir: los motivos de tu insomnio, de tus lágrimas, de tus alegrías. Me parece que podría dibujar, eso, si, exactamente, tus sueños. Y este sobrecito de azúcar que tocas aquí, en el renglón número "tanto" de esta pagina (cuidado, que no se rompa, va a ser como un panadero soplado en la siesta de verano, puro copito de algodón desparramado el azúcar si se cae) lo robé de la mesa de un bar para dártelo a vos. A vos que sos de sagitario como yo, o de acuario como mi hija, o...¿de qué signo sos? Este sobrecito de azúcar hará que todos los planetas estén bien aspectados para vos. Que tengas tantas ganas de vivir, que nada te las pueda anestesiar. Hará que entiendas que la libertad no es algo que nos llega de afuera, una imposición, una dádiva, un regalo, una gracia, sino que es algo que tenemos adentro, que nos pone alas en la mente y en el corazón, para que nuestras ideas y nuestros sentimientos puedan volar aunque nos tengan encadenadas a una silla, amordazadas, quietas, entre rejas, amenazadas. Lo que sale a volar es el alma..., la que viaja es el alma, por lluvias que enhebran las cuentas del arco iris ... de siete mil colores. Y a esa alma no la hieren las mentiras, porque no le llegan. Y no la perturban las sombras, porque ella es como una invencible mariposa de luz. Cada granito de azúcar de este sobre es una armadura para que te defienda. Cada granito de azúcar es una hora de un recuerdo que no querés que se pierda: es un poquito de infancia en la casa de la abuela.... Y es un ratito de la noche en que nuestra prima mayor se quedaba a dormir en casa y escuchábamos embobadas sus historias de amores y de bailes girando interminablemente... Y es mamá adornando con rositas de organza la torta de nuestro cumpleaños, cuando se cumplían los tres deseos que pedíamos al soplar las velitas... Y es la abuela paciente enseñándonos a tejer en punto santa clara una bufanda que nos llegaba hasta los pies. Y es la maestra de quinto grado, tan linda, tan alta, tan elegante y tierna, poniéndonos en el cuaderno un muy bien diez que despertaba el orgullo de papá. Y es el rouge rosa claro con el que pensábamos que parecíamos más mujeres. Y la gota de esmalte que cortaba la corrida de la media de nailon. Y el chico que no quería dejarnos ver la película en el cine del barrio, enamorado y ávido. Un puñadito para todos: el sello del primer voto en la libreta cívica, una manifestación disuelta con gases lacrimógenos que casi nos asfixian, los paraísos talados en toda la cuadra de casa, la sortija de casamiento, el bebe chiquitito que nos convirtió en diosas, el miedo de morirnos antes de que fuera grande y pudiera valerse por sí mismo. Las cartas de los amigos que se fueron a vivir a otros países, los discos de Sui Generis... Y cómo las cosas que amábamos se iban disociando: los Beatles, el café semanal de las cuatro mosqueteras......Qué sé yo.





BAJO LA LLUVIA


Bajo la lluvia.

Flores de agua que asoman sus corolas

en el ramaje del pelo,

una gota resbala por el cuerpo,

deja una huella celeste

y un beso.

Estar desnudos

como en el primer día.

Serla primera mujer

y el primer hombre

y trenzarnos en lucha

hasta que la carne

se nos caiga a pedazos,

como harapos

y quede la osamenta,

y la lucha siga

entre huesos de nácar

y palabras

que bailan en el agua.

Estar solos,

íntegros y nuestros,

cansados como sauces.

La lluvia nos entierre

con su pala de plata

y crezca de nosotros

un árbol superior.

Bajo la lluvia.

Pesan las costumbres

sobre el cuerpo

y abre el agua sus pétalos.




BESOS EN LA BOCA


Cierro los ojos. Vienes.Y qué importa si vienes, si eres tú, quien sea…Cierro los ojos y el perfume que quiero, el que elijo, se derrama en mi cuerpo, y en el lugar vacío se hace presente un hombre.Un hombre que me ama, que se muere de ganas de apretarme en sus brazos, que desliza caricias por la piel, seda en celo.Los murmullos de su voz confunden las palabras, las envuelven, las sueltan… ¿es tu voz… es tu arrullo? ¿Y qué importa si es tuya, si se parece o no a la voz que amé, que quizás sigo amando todavía? Nada importa. Los cuerpos tienen treinta y siete grados de temperatura, algo más en el momento de hacer el amor… y pesan lo que el delirio quiera… porque se van acomodando al vaivén, al oleaje del mar sobre las sábanas… Un cuerpo, el tuyo, otro… con los ojos cerrados… son el mismo cuerpo que al abrir la caja del deseo deja volar un millón de mariposas en el cielo oscuro de la soledad.T ú qué andarás haciendo.Por qué lugar caminarán tus pasos. En qué charla estarás entreverado.En qué silencio estarás amarrado como un velero al muelle. ¿Estás vivo?¿No te has muerto aun de indecisión, de estupidez, de aburrimiento? Yo me obligué a estar viva. Me obligué a no pensarte, a cambiarte por otros en la imaginación, a confundir las pieles, los gustos, las texturas, a transformar muchos hombres diferentes en ti.Ninguno se da cuenta si pronuncio tu nombre, porque ninguno escucha… y estoyen mi emoción y en mi mente con quien me da la gana. ¿Qué importa si estás o no? ¿Qué importa si me amas o dejaste de amarme, si nos conocimos de veras aquella tarde, allá, o sólo fue un recuerdo de quien sabe quien que pasó por allí y entrecruzó su pensamiento con el mío confundiendo la verdad? Yo no cuestiono tanto. Ni hago preguntas. Ni me pregunto. No necesito respuestas, ni explicaciones, nada. Hay un nuevo ícono en mi computadora celular… es uno en el que vuelcas todo lo que ha pasado, y lo elimina sin largarlo al espacio, sin ocupar el aire… lo desaparece como el mejor de los magos, sin dejar rastros.Y así todo comienza. Vuelve a empezar. Lo aprendí de los días, lo aprendí de las noches, lo aprendí de las lluvias y las enredaderas de jazmines azóricos. Todo vuelve.Todo empieza. Todo se recicla. ¿Qué importa que ese que ahora me besa y mis ojos cerrados no ven ni reconocen… sea otro o seas tú? Sus besos en la boca son esos mismos besos en la boca que me resucitaron cuando creía que nunca volvería a enamorarme.Los labios que se apoyan en los labios, suavemente. Los labios que se entibian, que se mojan, que entran en ebullición, la boca que abre su capullo y se convierte en rosa, hambrienta rosa carnívora, rocío de saliva, leves filos de dientes con la sabiduría de no lastimar…Ay, tu boca.Ay, mi boca. Ay las bocas sedientas, las bocas espléndidas, las bocas apuradas que de pronto se hacen lentas, se detienen, esperan el encuentro, se acomodan a los latidos del corazón, los besos, los besos en la boca, de esas bocas que se fueron acercando kilómetro a kilómetro, día a día… hora a hora, segundo a segundo… hasta que unieron chispazos de electrones en un grano de arena. ¿Sólo fuiste un invento? ¿Mi invento? ¿Solamente amé yo…?Ah… ya no importa. Si fuiste… si eres… si serás…Total…. cierro los ojos, digo un nombre que quizás sea el tuyo, o el de otro, o un nombre cualquiera que me guste… y las agujas del reloj comienzan a marcar la hora mágica,la hora solamente mía de los besos en la boca.



NUNCA VUELVEN


Voy a tener que cambiar de planeta.
Porque quiero olvidarte y no puedo.
Dejo las calles por las que caminamos juntos.
No voy a los restaurantes donde comíamos.
No escucho la música que te gustaba.
Quemé mi vestido azul y mi blusa turquesa,
que eran tus preferidos.
Saqué tu ropa del placard, regué tus perfumes en la arena,
rompí tus discos, desenrollé tus cintas,
regalé tus libros, cambié de lugar tus muebles,
pinté las paredes, limpié tus huellas de todo lo que tocaste.
¡Cuánto froté mi cuerpo bajo el agua!
¿Y quién crees que se me aparece en sueños,
cuando duermo? Tú.
Encantador, diciéndome justo lo que ansiaba escuchar.
Tú. Con la sonrisa aquella.
Con la mirada aquella.
Con esa luz que me encendía como a una lámpara.
Ahora me pongo el despertador cada dos horas
para despertarme y alejarte.
¡Vete! Ya tomaste de mí lo mejor que tenía.
Déjame lo demás. Aunque no sea perfecto,
aunque no sea ni siquiera bello, lo quiero para mí,
lo necesito para seguir viviendo.
¡Vete! Me fui al norte, me fui al sur,
y al este y al oeste, y al otro lado del océano...
Al frío y al calor, ¿y a que no sabes quién me abrigaba,
quién me refrescaba, quién me señalaba lo que había que mirar,
quién descubría conmigo los lugares nuevos? Tú.
No sé cómo te sientas en el cine junto a mí.
Y caminas delante de mis pasos. Y me esperas en todas
las esquinas.
¡Basta ya! Bórrate. Esfúmate. Dilúyete.
Quédate quieto donde tienes que estar.
Silencia tu voz. Apaga tu mirada.
No me toques. No espíes mi corazón.
No te instales en mis sentimientos.
¿Acaso no sabes que ya no es posible?
¿Acaso no entiendes que ya no hay manera de lograrlo?
Yo lo intenté y fue en vano.
Horas, días, meses, llamándote, rezando,
pidiéndole a Dios a los gritos que no fuera verdad,
que exorcizara de mi ser la pesadilla filosa que cortó el romance.
“Hubiera podido ser hermoso como una estrella”.
Pero se quebró.
Cristal hecho añicos.
Un espejo roto que nada reflejaba.
Anduve loca con gritos aturdiéndome.
Buscando en los rincones, en los cajones,
en los bolsillos, en los recuerdos.
Haciendo una fiesta a cada papelito escrito por tu mano.
Lustrando tus retratos.
Frotando mi nariz en tus olores que se iban desvaneciendo
por tu ausencia.
Desesperada. Descontrolada. Sin ver a nadie.
Fabricando la realidad con hilos de cristal y pedacitos de sueños.
Y me di la cabeza contra la verdad.
Ya nada.
Ya nunca más.
Ya nunca. Nunca.
En medio del dolor me detuve.
Es hora de recobrar la vida, me dije,
fue demasiado llanto. Sequé las lágrimas,
olí las rosas, me pinté los ojos,
vi el arcoíris después de la lluvia,
puse en orden el alma y me empeñé en ponerte en tu lugar:
allá, con todo lo que fue, con lo vivido, e el pasado,
como debe ser.
Pero tú no me dejas. No te das por vencido.
Voy a tener que irme a un planeta sin aire.
Porque eres el aire. Eres el aire.
Eres el aire. Y el agua. Y los jazmines. Y mi sombra.
Y mi canto. ¡Vete!
¿No te han dicho, acaso, que los muertos no regresan?
Nunca regresan. Nunca regresan.
Nunca regresa.





terça-feira, 22 de junho de 2010

Poemas Alfonsina Storni













Nació en Sala Capriasca (Suiza) el 29 de Mayo de 1893, fue la tercera de los hijos que tuvieron los Storni. Su familia era propietaria de una cervecería y oriundos de Argentina donde años más tarde volvieron a su patria, su madre dio clases a domicilio y su padre puso en café suizo en Rosario. Alfonsina antes de dedicarse a su poesías ayudó a su padre como mesonera, cosa que no le gustaba, se independizó encontró trabajo como actriz recorrió varias provincias en una gira teatral. También llegó a ejercer de maestra donde escribió sus poesías y algunas obras de teatro. Sus letras son feministas, buscaba en ella la igualdad entre el hombre y la mujer, y según la crítica con una originalidad que cambio el sentido de las letras de Latinoamérica, otros dividen su obra en dos partes, una de corte romántico tratando el tema desde el punto de vista erótico y sensual mostrando resentimiento hacia la figura del hombre. Perteneciente al movimiento postmodernismo, donde se reflejan los miedos, el dolor, las sensaciones y el final de su vida debido a la enfermedad que le acompañó gran parte de su vida. Ya que no puso voluntad para poder recuperarse del cáncer de mama que padeció, descartando los tratamientos. Se vincula a dos revistas literarias, Mundo Rosarino y Monos y Monadas. Allí aparecen sus poemas durante todo ese año, y si bien no hay testimonio de ellos, sí sabemos de otros publicados al año siguiente en Mundo Argentino, y que tienen resonancias hispánicas. También en 1918 Alfonsina recibe una medalla de miembro del Comité Argentino Pro Hogar de los Huérfanos Belgas. Alfonsina intervino en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su participación en el gremialismo literario fue intensa. En 1928 viajó a España en compañía de la actriz Blanca de la Vega, y repitió su viaje en 1931, en compañía de su hijo. En la Peña del café Tortoni conoció a Federico García Lorca, durante la permanencia del poeta en Buenos Aires entre octubre de 1933 y febrero de 1934. Le dedicó un poema, «Retrato de García Lorca», publicado luego en Mundo de siete pozos (1934). Allí dice: «Irrumpe un griego /por sus ojos distantes (…). Salta su garganta /hacia afuera /pidiendo /la navaja lunada /aguas filosas (…). Dejad volar la cabeza, /la cabeza sola /herida de hondas marinas /negras…». Su último poema “ Voy a dormir” que envió al diario la Nación era su despedida y decía:



Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme puestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados. Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera, una constelación, la que te guste, todas son buenas; bájala un poquito .Déjame sola: oyes romper los brotes, te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que te olvides. Gracias... Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido..."

Se suicidó en Mar de Plata (Argentina) el 25 de octubre del 1938, la encontraron en la playa dos obreros, yacía en el agua flotando uno de ellos dió la voz de alarma el otro se arrojó al mar, pero ya estaba sin vida la poetisa.











ANTOLOGÍA POÉTICA









ALMA DESNUDA







Soy un alma desnuda en estos versos,

Alma desnuda que angustiada y sola

Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,

Que puede ser un lirio, una violeta,

Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta

Y ruge cuando está sobre los mares,

Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,

Dioses que no se bajan a cegarla;

Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla

Con sólo un corazón que se partiera

Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera

Dice al invierno que demora: vuelve,

Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve

En tristezas, clamando por las rosas

Con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas

A campo abierto, sin fijar distancia,

Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia

De un suspiro, de un verso en que se ruega,

Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega

Y negando lo bueno el bien propicia

Porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia

Palpar las almas, despreciar la huella,

Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,

Como los vientos vaga, corre y gira;

Alma que sangra y sin cesar delira

Por ser el buque en marcha de la estrella.









DOLOR





Quisiera esta tarde divina de octubre

pasear por la orilla lejana del mar;

que la arena de oro, y las aguas verdes,

y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,

como una romana,

para concordar con las grandes olas,

y las rocas muertas

y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos

y la boca muda, dejarme llevar;

ver cómo se rompen las olas azules

contra los granitos y no parpadear;

ver cómo las aves rapaces se comen

los peces pequeños y no despertar;

pensar que pudieran las frágiles barcas hundirse

en las aguas y no suspirar;

ver que se adelanta,

la garganta al aire,

el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada,

distraídamente, perderla y que nunca

la vuelva a encontrar: y,

figura erguida, entre cielo y playa,

sentirme el olvido perenne del mar.









LA CARICIA PERDIDA





Se me va de los dedos la caricia sin causa,

se me va de los dedos...

En el viento, al pasar,

la caricia que vaga sin destino ni objeto,

la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,

pude amar al primero que acertara a llegar.

Nadie llega.

Están solos los floridos senderos.

La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche,

viajero, si estremece las ramas un dulce suspirar,

si te oprime los dedos una mano pequeña

que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano,

ni esa boca que besa,

si es el aire quien teje la ilusión de besar,

oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,

en el viento fundida, ¿me reconocerás?











YO EN EL FONDO DEL MAR







En el fondo del mar hay una casa de cristal.

A una avenida de madréporas da.

Un gran pez de oro, a las cinco, me viene a saludar.

Me trae un rojo ramo de flores de coral.

Duermo en una cama un poco más azul que el mar.

Un pulpo me hace guiños a través del cristal.

En el bosque verde que me circunda

—din don... din dan—

se balancean y cantan

las sirenas de nácar verdemar.

Y sobre mi cabeza arden,

en el crepúsculo,

las erizadas puntas del mar.









RETRATO DE GARCÍA LORCA







Buscando raíces de alas

la frente

se le desplaza

a derecha e izquierda.

Y sobre el remolino

de la cara

se le fija,

telón del más allá,

comba y ancha.

Una alimaña

le grita en la nariz

que intenta aplastársele

enfurecida...

Irrumpe un griego

por sus ojos distantes.



Un griego

que sofocan de enredaderas

las colinas andaluzas

de sus pómulos

y el valle trémulo

de su boca.



Salta su garganta

hacia afuera

pidiendo

la navaja lunada

de aguas filosas.

Cortádsela.

De norte a sur.

De este a oeste.

Dejad volar la cabeza,

la cabeza sola,

herida de ondas marinas

negras...

Y de caracolas de sátiro

que le caen

como campánulas

en la cara

de máscara antigua.

Apagadle

la voz de madera,

cavernosa,

arrebujada

en las catacumbas nasales.

Libradlo de ella,

y de sus brazos dulces,

y de su cuerpo terroso.

Forzadle sólo,

antes de lanzarlo

al espacio,

el arco de las cejas

hasta hacerlos puentes

del Atlántico,

del Pacífico...

Por donde los ojos,

navíos extraviados,

circulen sin puertos

ni orillas...







PAZ





Vamos hacia los árboles... el sueño

Se hará en nosotros por virtud celeste.

Vamos hacia los árboles; la noche

Nos será blanda, la tristeza leve.

Vamos hacia los árboles, el alma

Adormecida de perfume agreste.

Pero calla, no hables, sé piadoso;

No despiertes los pájaros que duermen.