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sábado, 18 de junho de 2011

Prosa y Verso en La Edad Media





En 1499 aparece en Burgos la Tragicomedia de Calisto y Melibea, la Celestina de Fernando de Rojas, nacido en Puebla de Montalbán, provincia de Toledo, en el 1470 y falleció en Talavera de la Reina-Toledo-España, en el 1541. Su obra en su última edición consta de veintiún actos ya que nuestro Fernando de Rojas declara que sólo hizo veinte, el primero del que se desconoce su autor, incitó a este a proseguir la obra.
La Celestina es una obra escrita en prosa en unos versos acrósticos, de difícil representación por el número de sus actos, y por la crudeza de sus escenas. Está obra presenta por primera vez, en la literatura dramática española, el amor humano, físico y espiritual como centro de acción. En este sentido es una obra que posee la vitalidad renacentista. Pero su autor es un espíritu todavía medieval, y por ello hace que estos amores terminen trágicamente y extrae de todo ello una lección moral, y contiene además de su agradable y dulce estilo, muchas sentencias filosofales y avisos muy necesarios para los jóvenes de entonces. Se describe en ella la historia de dos enamorados, Calisto y Melibea, víctimas de las malas artes de Celestina, vieja perversa que vive de arreglar citas de enamorados. La acción termina trágicamente. La obra tiene el mensaje con carácter moral y quiere avisar a los enamorados de los peligros del amor mundano.




La Edad Media posee una amplia riqueza temática, derivadas de la fusión de uno y otro ciclo da lugar a pintorescas obras, en las cuales notamos un enriquecimiento paulatino de la expresión, paralelo a la mayor, complejidad temática. En el siglo XIII notamos ya un aspecto que suele faltar en la primitiva expresión épica y religiosa, tan ingenuamente entregada a la exaltación de su fervor devoto o militar. Es la actitud irónica, a veces sarcástica, con que se enfocan ciertos aspectos de la vida cotidiana.
Otras veces, el aspecto negativo de esta visión se disfraza con una apariencia educativa y moralizadora. Este ejemplo lo encontramos en las viejas fábulas grecolatinas de Esopo o Fedro, corrían muchas versiones medievales. Un corpus o acumulación de muchas de ellas constituye el famoso Roman de Renart, colección de unos veinticinco cuentos o fábulas, en verso, cuyos protagonistas son los animales, donde se personifica la astucia poniendo en juego sus pasiones, imitando así burdamente, buscando la carcajada del publico, las proezas de los caballeros.




En Inglaterra, Chaucer (1340-1400) escribió los famosos Cuentos de Canterbury, historias llenas de vida y humor, a través de los cuales conocemos los tipos y las costumbres de la sociedad inglesa de su tiempo. Narra la obra que un grupo de treinta peregrinos realiza su viaje devoto a la iglesia de Santo Tomás de Canterbury: figuran entre ellos gentes de todas las clases sociales, y el autor describe sus tipos de caracteres con una realidad y un humorismo extraordinario. Para eludir el tedio de la marcha deciden que se cuenten historias y relatos, lo que da lugar a narraciones fuertemente satíricas, algunas en tono antieclesiástico. El proceso, en el arte de narrar, no se define solamente por este nuevo elemento paródico y humorístico. Por el contrario, el refinamiento espiritual evidente que supone la poesía amorosa de los trovadores halla un eco admirable en la literatura del norte de Francia. La obra más importante dentro de este espíritu, es el Roman de la Rose de Guillermo de Lorris. Se trata de una bellísima alegoría, en la que el poeta, que es el amante y protagonista de la obra, explica los obstáculos que se oponen a la consecución de sus deseos. Es un poema muy extenso, que ocupa cuatro mil versos. Narra un sueño en el que se va describiendo el arte de amar, tomando los clásicos, especialmente a Ovidio, simbolizando de formas irreales, que se muevan en fantásticos jardines y en ciudades misteriosas rodeadas de altas murallas, el goce de la pasión amorosa que la Rosa simboliza, muchos de los personajes son abstractos representando así; el Deleite, la Hermosura, la Libertad y el Dios del amor. Después de la muerte de Lorris cuarenta años después, otro escritor llamado Jean Clopinel, conocido por Jean Meung, escribió una larguísima continuidad (hasta veinte mil versos) que no pueden compararse ni mucho menos con la finura de la primera parte.


sexta-feira, 10 de junho de 2011

Literatura Moderna


A finales del siglo XVI, un gran libro, Don Quijote de la Mancha, terminará con las novelas de caballería. Cervantes nos cuenta las hazañas de Don Quijote como si éste fuera un caballero de la Edad Media con los ideales de los héroes de aquella época: generosidad, fidelidad, valentía, etc. Pero el mundo ha cambiado mucho desde la Edad Media y Don Quijote se encuentra con que ya no se puede vivir como lo hacían los caballeros de antaño. Hay un gran contraste entre ese mundo que desea, pero que ya pasó, y el mundo real. Esto se refleja también en la forma de narrar. En el Quijote el diálogo casi hace que "escuchemos" la situación.


En Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, se ridiculiza las narraciones sobre héroes y caballeros.

Los dos siglos siguientes (el XVII y XVIII) son una época de grandes descubrimientos científicos y los viajes y exploraciones, que habían comenzado ya con el descubrimiento de América, se hacen cada vez más numerosos. Los viajeros describen con detalle mundos y costumbres extrañas. Esto hace que la gente se interese por la observación de lo que la rodea y sobre todo del ser humano.

Se escriben muchos diarios y memorias, en los que cada uno intenta descubrir las razones que le mueven a actuar de un modo u otro. Esto se refleja en la narrativa y se escriben novelas que relatan con detalle las reacciones de un hombre en diversas situaciones, que a menudo tienen relación con viajes aventureros. Este es el caso de Robinson Crusoe de Defoe y de los Viajes de Gulliver de Swift.

A principios del siglo XIX el interés por el hombre se ha ido transformando en un interés por sus emociones y sentimientos. Las novelas cuentan la historia de un personaje sensible y delicado, de sus deseos y de sus sufrimientos en la vida. A esta época se le llamó Romanticismo.


Ciertos escritores han narrado con el mayor realismo posible la vida de las gentes de su época, inspirándose en el mundo que les rodeaba.


Pero a mediados del siglo las preocupaciones sociales vuelven: hay conflictos y huelgas por toda Europa y eso se va a notar en las narraciones. La novela se ha hecho muy popular, sobre todo porque a veces se publica en forma de folletín en los periódicos. A este público popular le interesan historias donde se reflejen la vida real a través de personajes normales, como ellos. Se intenta describir la realidad: es el Realismo.

Y llegamos al siglo XX lleno de grandes avances tecnológicos, de importantes descubrimientos científicos y de horribles guerras. Aunque la novela sigue siendo la forma más corriente de narración, también son usuales los cuentos cortos.

Joyce, un escritor de principios del siglo XX, provocó un gran cambio en la manera de narrar. Su novela más importante, Ulises, describe un día en la vida de un hombre. Joyce trata de darnos la sensación de cómo este trozo de vida, y para lograrlo inventa palabras o, en otras ocasiones, escribe como si fueran los pensamientos del personaje y al lector le da la sensación de estar medido en su cabeza. Esta forma de ver el mundo desde dentro del personaje ha influido muchísimo en la narrativa de este siglo.

Algunos escritores, como los románticos, preferían escribir sobre otras épocas y lugares lejanos.