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quarta-feira, 1 de junho de 2011

Frases Gustavo Adolfo Bécquer



Gustavo Adolfo Bécquer poeta del románticismo (1836-1870)



• La soledad es muy hermosa…cuando se tiene junto a alguien a quien decírselo.

• El espectáculo de lo bello, en cualquier forma que se presente, levanta la mente a nobles aspiraciones.

• Mientras haya unos ojos que reflejen los ojos que los miran; Mientras responda el labio suspirando al labio que suspira; Mientras sentirse puedan en un beso dos almas confundidas; Mientras exista una mujer hermosa, ¡Habrá poesía!

• ¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía…eres tú.

• No digáis que agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira: Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía.

• El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.

• El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos a cual más inexplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.

• El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo.

• El mundo es un absurdo animado que rueda en el vació para asombro de sus habitantes.

• En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y dé vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna.

• El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo.

• La soledad es el imperio de la conciencia.

• Todo es mentira: la gloria, el oro. Lo que yo adoro sólo es verdad: ¡La Libertad!

• Como en cuna de nácar que empuja el mar y que acaricia el céfiro, dormir parecía al blando arrullo de sus labios entreabiertos.

• ¡Oh! Si las flores duermen, qué dulcísimo sueño.

• Como en un libro abierto leo de tus pupilas en el fondo.

• ¡Llora!, no te avergüences de confesar que me has querido un poco.

• Despierta ríes y al reír tus labios inquietos me parecen relámpagos de grana que serpean sobre un cielo de nieve.

• Dos ideas que al par brotan, dos besos que a un tiempo estallan, dos ecos que se confunden, eso son nuestras dos almas.

• Dices que tienes corazón, y sólo lo dices porque sientes sus latidos; eso no es corazón..., es una máquina que al compás que se mueve hace ruido.

• Triste cosa es el sueño que llanto nos arranca, mas tengo en mi tristeza una alegría... ¡Sé que aún me quedan lágrimas!


OTRO ENLACE DE INTERÉS DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER





Biografía y Poemas Roberto Sosa





Roberto Sosa, nació en Yoro-Honduras el 18 de abril del 1930. Estudió Maestría en Arte en la Universidad de Cincinnati-Ohio-Estados Unidos. Ha sido también director de galerías de arte, revistas literarias, colaboró con los principales diarios y revistas de su país Honduras y otros países de Centroamérica. Se reconoce su trabajo en España, México, Colombia y Cuba. Ha sido el poeta más prestigioso de su país, además de una gran persona. Su poesía creada con imágenes plasmadas en letras, de diversos personajes visionados a lo largo de su vida, y detrás esa función critica-social que nos acerca más a los problemas, injusticias y desaires de la sociedad en la cual Sosa movió sus escritos. Sus cantos al amor no dejan lugar a dudas de sus sentimientos llenos de emociones, un sentir puro.
En 1968 gana el premio Adonáis de poesía concedido por España, y en 1971 gana el premio Casa de las Américas con su libro “Un mundo para todos dividido”, en 1990 el gobierno de Francia le otorgó el grado de Caballero en las Artes y las Letras.

Entre sus obras destacan;

1959- Caligramas (Tegucigalpa)
1968- Los pobres (Madrid)
1871- Un mundo para todos dividido (La Habana)
1981- Prosa armada
1987- Hasta el sol de hoy
1990- Obra completa
1994- Máscara suelta
1995- El llanto de las cosas

Nos deja el 23 de mayo del 2011 en Tegucigalpa-Honduras, debido a un paro cardíaco a la edad de 81 años, entrando así en los inmortales de las letras.



 

POEMAS




LOS POBRES


Los pobres son muchos
y por eso
es imposible olvidarlos.
Seguramente
venen los
amaneceres
múltiples edificios
donde ellos
quisieran habitar con sus
hijos.
Puedenllevar en
hombros
el féretro de una estrella.
Pueden
destruir el aire como
aves furiosas,
nublar el sol.
Pero desconociendo sus
tesoros
entran y salen por espejos de sangre;
caminan y mueren
despacio.
Por eso
es imposible
olvidarlos.




DE NIÑO A HOMBRE


Es fácil dejar a un niño a
merced de los pájaros.
Mirarle sin asombro
los ojos
de luces indefensas.
Dejarle dando voces entre una
multitud.
No entender el idioma
claro
de su media lengua.
O decirle a alguien:
es suyo
para siempre.
Es fácil,
facilísimo.
Lo difícil
es darle
dimensión
de un hombre verdadero.




ESTA LUZ QUE SUSCRIBO


Esto que suscribo
nace de mis viajes a las inmovilidades
del pasado. De la seducción
que me causa la ondulación del fuego
igual que a los primeros hombres que lo vieron y lo
sometieron
a la mansedumbre de una lámpara. De la fuente
en donde la
muerte encontró el secreto de su eterna juventud.
De conmoverme por los
cortísimos gritos decapitados
que emiten los animales endebles a medio
morir.
Del amor consumado,
desde la misma lástima, me viene.
Del hielo que circula por las oscuridades
que ciertas personas echan por la boca sobre
mi nombre. Del centro del escarnio y de la indignación.
Desde la circunstancia
de mi gran compromiso, vive como es posible
esta luz que suscribo.




EL AIRE QUE NOS QUEDA

Sobre las salas y ventanas sombreadas de
abandono.
Sobre la huida de la primavera, ayer mismo ahogada
en un vaso de agua.
Sobre la viejísima melancolía (tejida y destejida largamente)
hijade las grandes traiciones hechas a nuestros padres y abuelos:
estamos solos.
Sobre las sensaciones de vacío bajo los pies.
Sobre los pasadizos
inclinados que el miedo y la duda edifican.
Sobre la tierra de nadie de
la Historia: estamos solos sin mundo,
desnudo al rojo vivo el barro que nos cubre,
estrecho
en sus dos lados el aire que nos queda todavía.




terça-feira, 15 de março de 2011

Poemas Matilde Alba Swann





Matilde Kirilovsky de Creimer, bajo el seudónimo de Matilde Alba Swann, nació el 24 de febrero de 1912 en Argentina. Hizo el bachillerato en la promoción del 1929 en el Colegio Superior de Señoritas, hoy Liceo Victor Mercante. En 1933 se licencia como abogada en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. Ejerciendo con gran éxito su trabajo de abogacía, que compagino a la perfección con el de periodismo y poeta. Brillando por su lucha constante en la defensa de los derechos esenciales de su pueblo. En poesía publica ocho libros de poemas; dejo un noveno libro sin editar, pero preparado y a punto de ser impreso. Como periodista condujo audiciones de literatura en las radios Provincia de Buenos Aires y Universidad de La Plata; fue colaboradora permanente del Diario El Día de La Plata. Fue corresponsal de guerra del Diario El Día en la guerra de las Malvinas; fue colaboradora de la Página literaria del Diario La Capital de Mar del Plata.

Recibe innumerables premios, menciones y honores, entre los que se destacan:

Promoción para el premio Nobel de Literatura 1992.
Premio Provincia de Buenos Aires -poesía- 1991.
Premio Municipal de Literatura de La Plata.
3er. Premio de poesía Augusto Mario Delfino.
Mención del club Universitario de La Plata.
Mención de la Asociación Femenina de Periodistas del Perú.
Integró la Comisión de Honor del Primer Encuentro.
Latinoamericano de Poetas (diciembre 1984).
Fue designada Mujer Notable de la Comunidad, por el Rotary Internacional Filial La Plata.
2do. Premio de Poesía Ilustrado Municipalidad de La Plata - 1971.
3er. Premio de Poesía Ilustrada Municipalidad de La Plata.
2do. Premio de Asociación Judicial Bonaerense.

Fue Presidente de la Filial La Plata de la Sociedad Argentina de Escritores.
Falleció el 13 de septiembre del 2000 en la ciudad de la Plata-Argentina.




POEMAS

BAJO TU LÁSTIMA

Quiero huir de tu lástima, y tropiezo
con mis zarzas de miedo
y con mi nido
de alegrías dormidas, y desgarro.
Has tendido
tu sonrisa en piedad a mi costado,
y te quedas
a mirarme ceder, sombra inclinada
como un tronco crujido
de castigos.
Tus dos brazos cruzados, y ya ajenos,
y una boca de beso
que se guarda.
Nunca me vi pequeña como ahora,
a los pies de tu altura
compasiva.
Nunca, como hoy, descalza
y azotada,
a un instante del nunca, irremediable.
Ya no vibra mi carne
en paraísos,
ni en infiernos, ni en manzanas, serpientes,
ni en exilios.
Una lacia
sensación de desgano que me arrastra,
un insomne desorden
de cabello, una pena tremenda de estar triste,
y un deseo
de morirme mañana,
antes que partas, y dejarte
sonreír de piedad sobre mi ausencia.

 

EL MAR

El mar soñó en voz alta
que tú me besarías.
Libérame un instante los labios,
necesito
contarte sobre el filo
de aurora en que amaneces conmigo,
que fue cierto,
que sí,
que nos amamos.

Y ya antes
que deshaga de espumas,
-el mar sueña que muero a tu costado-
reanúdate,
yo quedo.

Y déjame tus manos.
O llévate apretados contigo
estos dos gozas y miedos y gemidos.

Mis dos gritos a un tiempo;
dos tigres, dos palomas;
dos himnos, dos sollozos;
dos triunfos, dos nostalgias;
dos culpas
y una sola locura
y un milagro.

O déjame tus manos.
Dos potros, dos tormentos
dos blancos dulces perros lamiéndome
los pasos;
dos náufragos, dos puertos;
dos fuerzas, dos desmayos;
dos gotas de una lluvia de estío;
dos blasfemias,
dos templos, dos guaridas;
dos cielos, dos infiernos,
dos dioses, y una génesis sola
sobre el caos.

La sal
ancla en el fondo del mar
castillos blancos.
Desátame los brazos
o apaga estos caminos de viento
que me llaman.

O vuélveme a la hoguera
del beso hasta que queden cenizas.
Desde el nácar
profundo
sueña un niño celeste, que amanece.


 

LLUVIA

Lluvia, hoy no te siento.
Hoy no eres nada
mas que agua vertical.

Apenas si te escucho
golpear el pavimento
y llamar con tu clave
sobre mi ventanal.

Lluvia, hoy no eres nada
para mi desaliento
nocturno y abismal.

Cuando era niña hallaba
en tu canción un cuento,
y ya en mi adolescencia
me diste un madrigal.

Ahora, lluvia, tengo
tanta tristeza adentro,
que no me dices nada,
sólo te oigo golpear.


 

REFUGIO

Entonces,
ciega y sorda, me abrazo a la poesía.

La aprieto contra el pecho,
la muerdo, la trituro,
me prendo a sus dos manos,
hundo en ella mi grito,
me aniño en su regazo,
sollozo en sus rodillas,
y encuentro que me acoge
piadosa a su ternura,
se adhiere a mi tristeza,
me entrega
gota a gota, su sangre, me amamanta,
me acuna, me adormece,
y en sueños,
poesía madre, le elevo mi plegaria.

«Sé lecho a mi cansancio,
sé sombra en este páramo amargo
en que transito
volcando ya mis pasos.

Sé el camino que busco, transvásame
tu esencia, conviérteme a tu imagen,
haz de mí, la elevada
poesía de poesía».

Y caigo ya sin fuerzas
de nuevo entre los hombres
que aplastan mis cenizas,
en tanto me perdonan
la culpa
de ser mártir.

 

VERANO

Hay arena y hay mar, y un horizonte
que podría tocarse
con las manos.

Un instante canícula, vacío,
pescadores tan solo
que adivino
más allá de envoltura,
sal y espuma.

Sin embargo, me circundan
palabras y señales.

Voy en busca de mí; partí hace tiempo,
soy apenas,
la pisada brumosa en la memoria
de un distante hacedor
alto, trazando
nuevos seres, y nuevas borraduras.

El sol viene a quererme;
siento, dentro,
ronronear mi pureza primitiva.
Cae el párpado denso...
Las palmeras
reiniciaron su juego para estar durmiendo.


 
YO NO TENGO LA CULPA...


Yo no tengo la culpa
de amar tenaz la sombra de las cosas que fueron,
y sentir la impaciencia del misterio que ronda,
y vibrar la certeza de la luz que fulgura.
Yo no tengo la culpa de quedarme conmigo
en la hora del brindis, del laurel, de la espiga,
en refugio de infancia, en retorno de escuela,
en regreso a la tierna canción adormecida.
Yo no tengo la culpa de sumarme a la noche,
de soltarme en los techos en congoja de lluvia,
de morir de vergüenza con aquél que se humilla,
de quemarme en la fiebre mortal de los enfermos,
de dolerme en las hojas pisoteadas de otoño,
de gemir en las ramas de bramar con el viento.
Yo no tengo la culpa de ser una partícula
del cuerpo de la pena,
del coraje, del sueño, del amor por la eterna
tristeza de los hombres.
Solo tengo la culpa
de reunir en mis versos el dolor que rezuman
esas cosas amargas que remuerden y acusan,
de eso tengo la culpa...!