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terça-feira, 29 de junho de 2010

¿Es el hombre sólo un fallo de Dios, o Dios sólo un fallo del hombre?

El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices.

Un filósofo casado es, para decirlo claro, una figura ridícula.

En algunos la castidad es una virtud, en muchos es casi un vicio.

Mucho tienen que hacer los padres para compensar el hecho de tener hijos.

Cuando se tienen muchas cosas que meter en él, el día tiene cien bolsillos.

El hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza.

Para llegar a ser sabio, es preciso querer experimentar ciertas vivencias, es decir, meterse en sus fauces. Eso es, ciertamente, muy peligroso; más de un sabio ha sido devorado al hacerlo.

Hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud.

El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa.

Toda convicción es una cárcel.

Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos.

Las razas laboriosas encuentran una gran molestia en soportar la ociosidad.

La irracionalidad de una cosa no es un argumento en contra de su existencia, sino más bien una condición de la misma.

La edad de casarse llega mucho antes que la de quererse.

La demencia en el individuo es algo raro; en los grupos, en los partidos, en los pueblos, en las épocas, es la regla.

Lo que hacemos no es nunca comprendido, y siempre es acogido sólo por los elogios o por la crítica.

El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación.

El pensador sabe considerar las cosas más sencillas de lo que son.