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domingo, 27 de junho de 2010

Apocarse es virtud, poder y humildad; dejarse apocar es vileza y delito.

Virtud envidiada es dos veces virtud.

El mayor despeñadero, la confianza.

El avaro visita su tesoro por traerle a la memoria que es su dueño, carcelero de su moneda.

Matan los médicos y viven de matar, y la queja cae sobre la dolencia.

Siempre se ha de conservar el temor, más jamás se debe mostrar.

La guerra es de por vida en los hombres, porque es guerra la vida, y vivir y militar es una misma cosa.

La astrología es una ciencia que tienen por golosina los cobardes, sin otro fundamento que el crédito de los supersticiosos. Es un falso testimonio que los hombres mal ocupados levantan a las estrellas.

La posesión de la salud es como la de la hacienda, que se goza gastándola, y si no se gasta, no se goza.

Si haces bien para que te lo agradezcan, mercader eres, no bienhechor; codicioso, no caritativo.

Muchos son los buenos, si se da crédito a los testigos; pocos, si se toma declaración a su conciencia.

El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien.

No se debe mostrar la verdad desnuda, sino en camisa.

No es dichoso aquél a quien la fortuna no puede dar más, sino aquél a quien no puede quitar nada.

El consejo, bueno es; pero creo que es de las medicinas que menos se gastan y se gustan.

Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.

El temor empieza toda sabiduría, y quien no tiene temor, no puede saber.

Ninguna cosa despierta tanto el bullicio del pueblo como la novedad.

Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita una vida muy larga.

Matarse por no morir es ser igualmente necio y cobarde.